Formación IMV 8 de Agosto de 2017 Fuenlabrada

En verano continuamos entrenando procedimiento #IMV en el #SUMMA112. El pasado 8 de Agosto estuvimos en el Parque de Bomberos de Fuenlabrada. Formados todo sale mejor.

👏 a los compañeros del parque de bomberos y de Cruz Roja por su colaboración. Gran implicación de alumnos e instructores.

Montaje Camión MIR Simulacro IMV Septiembre 2014

Vídeo, de una calidad bastante mejorable (estoy empezando a grabar videos ahora, paciencia), en el que se ve el montaje del camión de catástrofes del Summa 112 (MIR) en el simulacro del curso de Incidentes de Múltiples Víctimas de Septiembre de 2014 en el parque de bomberos de Alcorcón.

Crónicas Summarias-VI: Pesadilla en Elm Street

Hola Summarios:
Después de las guardias duras, y tras ingerir mucho vino tinto, suelo anotar los casos clínicos más relevantes en mi cuaderno de bitácora de la nave del misterio. Disculpad estas líneas, pero no puedo soportarlo sólo y tengo que compartirlo con vosotros:

13 de abril de 2013: Diario de a bordo:
Aquella guardia estaba siendo espesita. Llevábamos ya hechos seis avisos psiquiátricos y Chicho no parecía dispuesto a darnos tregua desde el centro coordinador. Eran las tres de la mañana, y llevábamos recorridos quinientos cincuenta kilómetros.

Ché: – Sigo sin entender que el recurso más cercano para atender Aranjuez sea Las Rozas, y que el recurso más próximo a Lavapiés sea Alcalá. ¡Que no lo entiendo, venga ya!

Cuca:- Fácil, doblas el mapa de Madrid y pinchas con un alfiler: donde marques, es el punto más cercano desde el punto de vista oligofrénico.

Paquitor:- Eh, ¿qué pasa? Que mi chica trabaja en el centro coordinador hoy. No te pases ni un pelo, Cuquita.

Cuca: – Que es broma, idiota. Lo hago para picarte.

Yo: – Está claro que se diazepaniza poco. Si es que Vulnus es un profeta, un iluminado, un portento. Yo lo veo claro.

Ché: – Pues yo creo que Chicho lo hace para dar por saco, porque le hemos pedido la hora de cenar a las 00.30 horas, y se ha mosqueado.

Volvió a sonar el teléfono con el tono de “Highway to hell”. Descolgué, y un habitante del planeta de los simios me preguntó a gritos que porqué estaba apagado el walkie.

Yo: – Pues disculpa, pero no nos habíamos dado cuenta. ¿Qué tienes para nosotros?

Móvil: – Un paciente.

Yo: -¿Podrías desarrollar un poco?

Móvil: – Aviso 444 urgente: Varón de 97 años,  cáncer de pulmón en cuidados paliativos, inconsciente, no respira… desde hace una hora…en Móstoles.

Yo: – Perdona, pero no me puedo creer que me estés diciendo esto. ¿Somos el recurso más cercano y adecuado para atender a este “calamardo”? ¿Y la UAD de por aquellos contornos? ¿No puede ir a certificar o es que no te he entendido bien?

Móvil: – Están cenando porque han estado cuatro horas con un tráfico con múltiples víctimas, junto a la Prote.

Yo: – Bien…De acuerdo; pásanoslo a la tablet que vamos para allá.

Colgué de mal humor.

Yo: – Esto es increíble. Nos mandan a certificar a un calamardo en la otra punta, urgente, y me dice que la UAD se ha comido un tráfico con múltiples víctimas, ellos solos con la Prote.

Cuca: – Que te digo que hay un chimpancé coordinando.

Paquitor: – No te vuelvo a invitar a churros al salir. Que lo sepas, Cuca.

Ché: – A mí me parece que es un concurso de tontos, y que vamos a ganar.

Salimos al trote cochinero, por decir algo, y nos subimos a la nave del misterio. Arrancamos y nos despedimos del tapper con albóndigas y de la tortilla de patata fría.

Paquitor:- ¿Calle de Francisco Chicheri, 1?¿Dónde está eso?

Ché: – ¿En Móstoles?

Pusimos el navegador mientras entrábamos en la M-40 y esperamos unos minutos. Nada. No salía nada de nada.

Cuca: – Menos mal que es un terminal, que si no la familia nos lincha cuando lleguemos mañana por la tarde…

Llegamos a Móstoles y comenzamos a dar vueltas. Nada. Callejero de papel: peor.

Yo: – Llama al centro, Paco, y pregunta si la familia nos puede dar pistas de por dónde cae la calle.

Paquitor: – ¿Centro?

Móvil: – …….

Paquitor: – ¿Centro?¿Me recibes? Somos la XXX.

Móvil: -…..(sin señal)

Paquitor: – No me da señal. Llama por el otro, por el walkie.

Ché: – ¿Centro? ¿Centro? Somos la XXX. ¿Me recibes?

Walkie: -….(sin señal)

Ché: – Vaya, debemos estar en el triángulo de las Bermudas porque nadie nos ve ni nos oye…alucinante.

Cuca: – Vaaaale, cojo mi Samsung Galaxy IV. Google maps….uhm…No os lo váis a creer, pero aquí pone que es una calle de Calasparra, Murcia. En serio.

Yo: – Venga ya. ¿Cómo? A ver…Tienes razón. Pues sí, qué casualidad.

Entrábamos, muy despistados, por la calle de la Libertad de Móstoles.

Ché: – Me suena mucho. Creo que es la casa del sastre, que vivía con cuatro hijas, que estaban en cuatro habitaciones diferentes, y hace cuatro años las asesinó a las cuatro de cuatro puñaladas con las tijeras, a las cuatro de la mañana.

Cuca: – ¿Cuatro,… Ché? ¡Nosotros somos cuatro!

Había cuatro personas en la calle esperando en el número cuatro; y eran ya las cuatro de la madrugada. Y el número de aviso era el 444. (Como dice Goyo Jiménez en sus monólogos, yo a la segunda coincidencia estaría corriendo colina abajo).

Una avutarda cruzó por delante de nosotros con paso alegre y Paquitor dió un brusco frenazo.

Paquitor:- ¡venga ya, qué susto! Casi atropello a ese pajarraco, y nos estrellamos.

De pronto se oyó una voz grave de ultratumba que en un lenguaje ininteligible similar al hebreo palindrómico o al egipcio hierático, dijo…schmuarhsdnisfrashisirrirri….y Ché contestó : – ¿Sí?, ¿Satán?

Cuca le dio una colleja porque se percató de que era el walkie con el volumen distorsionando la voz, que sonaba en abierto por el grado de estulticia del comunicante de dónde ya sabemos.

Walkie: – ¿Cómo que Satán? Déjate de chorradas. Llegáis tarde al aviso. La familia está en la calle esperando. ¿Dónde estábais?

Pasó de nuevo otro animal…parecía un hipogrifo, o quizá un escorpión escarabajero o un anguípedo de cola roma. Se levantaba una niebla espesa, y comenzábamos a ver con dificultad.

Paquitor:- ¿Satán?, digo… ¿centro? ¿Me puedes confirmar la calle?

Walkie: – Francisco Chicheri…

Paquitor: – Me pone en Google Maps que eso está en Calasparra, Murcia. ¿No nos salimos de zona?

Walkie.- Sabéis que no hay zon…estoooo…¿Murcia has dicho? Espera un momento, que voy a comprobar. Vosotros ir dirigiéndoos al lugar.

Ya pero… ¿a qué lugar? No sé en qué piensan los locutores cuando dicen esta frase, y lo habitual es que terminemos describiendo círculos en la M30 o M40, según.

(Transcurrieron unos segundos….)

Walkie: – No, os habéis vuelto a equivocar. Francisco Chicheri es el paciente. La calle es Margaret Tacher esquina John Lenon.

Paquitor: – ¿Cómo? El que se ha equivocado eres tú. ¿Margaret Tatcher tiene ya una calle en Madrid? ¿Y Sara Montiel?

Walkie:- Te has quedado sin hora de la cena, por listo y ….te guardo otros tres avisitos en cola, majo. Hala, tira.

Unos homínidos que nos hacían señas se aproximaron agitando las extremidades superiores mientras caminaban sobre sus cuartos traseros. Al primer golpe de vista parecían extraterrestres, pero en realidad sólo eran jóvenes rumanos de Transilvania. No obstante, todo el conjunto estaba tomando un cariz acojonante por momentos, y más cuando nos dimos cuenta que rodeaban y zarandeaban a una UAD, donde los tripulantes de la otra navecita del misterio estaban atemorizados sin salir.

Cuca: – ¿Por qué no activamos a los chicos de la porra de goma? Esto parece un poco fuera de lo habitual.

De pronto se acercaron tres zetas de la policía nacional. Y Cuca dijo: – Caramba, qué rápido: ¡telepatía!.

Los chicos de la UAD ya habían activado a la policía hacía un rato. Se acercaron con su vehículo al nuestro, bajaron las ventanillas y nos espetaron:
– ¿Necesitáis nuestra ayuda?

Paquitor:-Os ha avisado Ché para que trajerais los churritos, supongo.

El policía pareció no entender el chiste.

Los chicos de la UAD eran Javo y Luisón, que se estaban diazepanizando a sí mismos. Nos saludaron desde el vehículo y les devolvimos el saludo y una sonrisa de ánimo; creímos conveniente dejarles superar el mal trago pasado con los homínidos. Los agentes sujetaron a los extracomunitarios, y nosotros nos adentramos en el portal. Naturalmente el aviso era en el 4º piso sin ascensor, por lo que al llegar a la altura del tercer piso, Ché se enchufó el oxígeno, y yo me senté un momento en la escalera. Tenía la espalda echa un dolor. Cuca era la única que aguantaba, como buena corredora de maratones que era. Y los policías ni sudaban ni mostraban signos de cansancio alguno.

Por fin, tras recuperar el resuello y tragar el corazón, llamamos a la puerta del domicilio. Nos abrió una bella joven rubia embutida en una bata de dibujos indios o pakistaníes, y nos invitó a pasar, pronunciando con un fuerte acento rumano. La mujer era un bombón, pero la casa una ruina.

Mujer:- Mi marido está muy mal, por favor denle antibiótico para que se tranquilice. Ha cogido los cuchillos y la gorra…está mal, muy mal (??????).

Yo:- ¿Cómo? Así que varón de 97 años, cáncer de pulmón en cuidados paliativos, inconsciente, no respira… desde hace una hora…esto no me cuadra. Por favor, señorita, díganos que ha pasado.

Joven Rumana:- Pues, es que mi marido lleva una semana comiendo brócoli y pies de pollo chinos, que están de oferta en el supermercado, y de pronto se ha puesto raro y gritando, snif (llorando).

Yo:- Bueno, no se preocupe. Estamos aquí para ayudarles. Dígame, ¿sabe si ha consumido alguna sustancia o alguna droga?, ¿bebe?

Joven Rumana:- Bueno, lo normal…un litro y medio de cerveza al día, y…hoy se ha tomado kata…kita o kata.

Cuca: – ¿Keta?

Joven Rumana: – Eso, ¡keta!

Ché:- Buenoooo….ya estamos. Y, ¿nada más?
¿Seguro?

Joven Rumana: – Yo creo que no…no me ha dicho nada más. Bueno, yo lo he visto, porque él no me lo ha dicho.

Paco: – El que nos ha filtrado el aviso es un lumbreras, desde luego. Y ahora, ¿qué?

En efecto, el joven rumano se había puesto un jersey a rayas horizontales, a juego con los pantalones y la gorra, y había tuneado un guante de baseball (pronúnciese béisbol) y le había acoplado unos cuchillos en los dedos. Era un fan supermegafriki de Freddy Kruger, y estaba dando alaridos en la salita de la televisión viendo una de sus películas, completamente brotado. Recordando al detalle la clasificación DSM-III y DSM-IV internacionales, podría decirse que el paciente sufría un grave trastorno de personalidad psicótico con delirio paranoide e ideaciones homicidas a consecuencia, o no, de las drogas; y como diagnóstico podríamos concluir que estaba como una chota, el pobre, y más sonado que Mickey Rourke en El Luchador. Era un bigardo de 1,90 m  y …la policía amablemente nos dijo:
– Pasad vosotros delante, si queréis, no vaya a ser que al ver nuestros uniformes se ponga más nervioso.

Freddy seguía gritando y mirando la película en la TV. Por supuesto era una cinta pasadísima de pesadilla en Elm Street, número…n. De pronto se percató de nuestra presencia, y se giró hacia nosotros. En una hábil maniobra uno de los policías se situó de manera estratégica detrás de Ché, y el otro detrás de Paco. Era una técnica ensayada en la academia, similar a la estrategia de la tortuga romana, pero sin los escudos. Nos sentimos reconfortados sabiendo que existía un plan de actuación de seguridad que nos protegería.

Cuca abrió el maletín de medicación. Uno de los policías preguntó desde detrás de Che: -¿Le váis a tomar la tensión? Porque si te estorbo me echo hacia atrás.
Cuca miró hacia el techo con ojos de desesperación y gesto de malhumor.

Ché: – ¿Activamos a la psiquiátrica, doc?

Yo: – Estamos en Móstoles…. Buf… va a ser complicado manejar a Freddy. Cuca, prepara un haloperidol. Si los señores agentes nos ayudan a inmovilizarlo, le ponemos uno y nos lo llevamos nosotros.

Los policías se miraron. Abandonaron la estrategia inicial, y probaron con una nueva jugada de pizarra, de las ensayadas en laboratorio.

Agente 1: – Rafa, tú te acercas a él, y yo le propino un doliochagi para quitarle el guante. ¿Vale?

Agente 2: – Espera…mejor tú le distraes hablando y yo le hago una media Nelson por la espalda.

Tras cinco minutos de discusión estratégica llegaron a la conclusión de que era mejor que los sujetáramos entre todos, sin remilgos,  y ellos inmovilizaban los brazos y las piernas del sujeto. Evidentemente, la lógica militar y policial son fundamentales en estos casos, así que seguimos sus instrucciones al pie de la letra, pero…Freddy se nos adelantó. Dio un grito en inglés-chungo y saltó hacia Ché, que consiguió agacharse, y el agente de policía se encontró con el pobre rumano encima de él. En ese momento reaccionó y lo inmovilizó con una llave de artes marciales que nos dejó alucinados a todos.

Agente 1: – Venga, ¿no le ibais a pinchar? Pues ahora no se puede mover. ¡Aprovechad!

Cuca se apresuró y le clavó el haloperidol a través del pantaka vaquero, y el pobre Freddy gritó de nuevo. El policía lo tenía bien sujeto, y su compañero le ayudó a inmovilizar completamente al paciente. La verdad es que los polis cuando se cabrean, son Rambos en acción.

Yo: – Hala, a monitorizar en cuanto se tranquilice, y si no le metemos un chute para llevárnoslo. Me parece que este metaboliza rapidito y que el haloperidol se le va a quedar en un diente.

En efecto, el efecto del pinchazo fue pésimo para el enfermo. Freddy estaba mazas y consiguió librarse de la llave que le estaba haciendo el agente, y en el forcejeo le metió un zarpazo con el “guante-tijeras” que se había fabricado. El pobre policía se llevó un par de cortes en la mitad de la cara derecha, en la región malar y subpalpebral (casi en el ojo), y comenzó a sangrar. El otro policía reaccionó y le agarró el brazo del guante para inmovilizarlo, y Ché y Paco también se le lanzaron encima. Cuca se acercó al policía herido en la cara, y vio que los cortes iban a requerir tratamiento quirúrgico por los plásticos o por cirugía máxilofacial. El maldito aviso se estaba transformando en un problemón. Cogí el móvil y llamé al centro.

Móvil:- Qué, ¿ya habéis finalizado?

Yo:- Qué va. Esto se ha complicado. Necesito, por favor, que aviséis refuerzos. Uno de los policías está malherido, y el otro sujetando al enfermo. El paciente no es un abuelito, sino un psiquiátrico con un abuso de drogas, y no podemos con él. Está armado con una especie de guante con cuchillas; algo muy raro pero que corta como un demonio.

Móvil: – De acuerdo, no te preocupes que paso la voz urgente. Ahora os llamo.

Freddy no sólo era rumano, sino que era de Transilvania y …lo demostró, pegándole un buen mordisco en el cuello al otro policía, que giró la cabeza, y volvió a sujetarlo. El segundo mordisco de Freddy fue a la oreja izquierda del policía, y se la arrancó. El espectáculo se estaba volviendo dantesco. El agente, en un acto reflejo se llevó la mano al lugar donde antes tenía una oreja, y soltó el brazo de Freddy. Este le lanzó otro manotazo con el guante de chapa a Ché, que se echó para atrás, pero…le enganchó el cinturón, se lo cortó y hala…tajo en la región inguinal. Ché pegó un grito de dolor y blasfemó, mientras se llevaba las manos al escroto. Nos pareció que algo caía al suelo. En efecto, era el carné de padre de Ché. ¡Dios mío!, ahora necesitábamos hielo en una bolsa para colocar el testículo y el pene de Ché, y tratar de salvarlo…y la oreja del policía, mal asunto. Era la primera vez que veíamos una amputación de la salchicha con huevo, y encima era la de Ché. Paquitor saltó encima de Freddy y se le subió a caballo en la espalda mientras con ambos brazos le sujetaba la cabeza y la cara con todas sus fuerzas, y ya con un grado de cabreo 20 sobre 10. Freddy le lanzó un guantazo, y…falló. Pero el segundo acertó: corte en el cuero cabelludo de Paquitor, que le gritó:

Paco: – Cabrón, ¡me has cortado en la cabeza! ¡Te voy a mataaaar!

Ni que decir tiene que yo había perdido los papeles, y miré a Cuca bloqueado. Lo único útil que se me ocurrió fue lanzarle el móvil a la cabeza de Freddy, que lo esquivó con habilidad, y …le acerté de lleno a Paco en la cara. Olé, encima voy y le endiño a mi compañero. Paco se cayó hacia atrás.

Freddy se giró rápidamente y se iba a lanzar sobre Paco para “arañarle” un poco. Yo me dirigía hacia él como una locomotora, cuando de repente ocurrió algo que cambió todo. Cuca había cogido carrerilla antes que yo y le propinó una patada en las pelotas al rumano, con rosca. Cayó al suelo ipso facto y ya no se movió. El patadón había sido más fuerte que los de Roberto Carlos en los 90. El asunto se tranquilizó, pero aquello era un infierno. La joven rumana gritaba y gritaba. Yo buscaba la oreja del policía y la salchicha y la pelota del pobre Ché.
Sólo faltaba la guinda, que fue…que la TV explotó y comenzó un pequeño incendio, ¡para colmo!. Busqué el móvil por el suelo…¡por fin, lo encontré!. Llamé nervioso al centro para solicitar bomberos, y…¡la joven rumana comenzó a lanzar aceite en el fuegoooo! ¡¡¡¡¡Noooooooo!!!!

Hubo una explosión, como un fogonazo. De pronto lo vi todo negro. Abrí los ojos y… pude ver el techo de la habitación de mi casa…. Maldito reserva del 2005…había sido otra pesadilla después de una guardia perra, y todo había desaparecido.

Marqué como loco el móvil de Ché.

Ché: – Hola, doc.

Yo: – Hola Ché, ¿qué tal estás? ¿Todo bien? ¿No te falta nada de nada?

Ché:- Esto…tío, ¿otra vez has tenido una pesadilla? No vas a llegar a los cincuenta. Síestoy bien. ¿Por qué?

Yo: – Tus huevos…y tu salchicha…¿bien?

Ché: – Oye…¿te estás volviendo trucha? Pues claro que estoy bien.

Yo: Vale, y…¿Paquitor y Cuca? ¿Y los policías? ¿Y Freddy? ¿Todos bien?

Ché: – Oye, estás fatal. Échate a dormir otro rato, anda. Ciao.

Yo:- Gracias. Ciao.

A veces pienso que no debería tomar tanto vino al salir de las guardias, y debería cambiar a diazepam, que no produce pesadillas y no da resaca. Uf, la vida es dura summarios (qué susto he pasado).
Lamento contaros estas cosas, pero me siento…me siento…me siento raro.

Un saludo.
Diclozepam

PD: Espero que estas narraciones nos sirvan a todos para fomentar el buenrrolismo, y pasarlo bien.  Aprecio mucho a los locutores del centro coordinador, y tengo buenos amigos allí, y por supuesto también en la policía nacional. Son grandes profesionales, grandes amigos, y grandes personas. Su trabajo no está ni valorado, ni pagado. Más de una vez los policías nos han sacado de un gran apuro, y nos han ayudado a empujar la UAD. Quiero enviarles un abrazo, también. Estas historias son sólo para amenizar nuestro trabajo. Vemos cosas demasiado reales, ¿verdad? A veces la realizad supera a la ficción, lo sabéis mejor que yo. Si no fuera por este mecanismo de defensa del subconsciente, nos volveríamos locos entre tantas desgracias.
Cuidaos todos, y buena guardia. También a los locutores (siento lo de planeta de los simios; es una broma, y me ha parecido que quedaba gracioso. Sé que vuestro trabajo también es muy duro. Disculpad a este esquizo que os escribe).

Fiesta

Fuegos artificialesUna explosión cubre el oscuro cielo con tonos anaranjados. La segunda, más fuerte, emplea un celeste que recuerda al mar. Otra más, otra… Miles de espectadores rodean la carpa de asistencia sanitaria que las dos decenas de voluntarios allí reunidos hemos desplegado un par de horas antes, en caso de que la protección brindada por la patrona de la acogedora población serrana no sea suficiente. Para nosotros, servicios preventivos como este suponen la oportunidad de saludar y bromear con los compañeros que vemos cada mucho tiempo, dado que las guardias habituales son de apenas tres o cuatro personas. Una sobrecogedora detonación cierra el espectáculo pirotécnico, dando paso a la ronda de aplausos y marcando el comienzo de la recogida del dispositivo. Es difícil hacerme el loco cuando el coordinador solicita un conductor para devolver a la central la ambulancia de préstamo: soy de los pocos que se mueve en transporte público y vive en la capital. De súbito, la agradable brisa del fin del verano trae a mi mente una idea. ¿Guardia esta noche? Antes de alcanzar la decena de propuestas, ya he conseguido reclutar un colaborador de otra base y otros dos compañeros recientemente incorporados, ansiosos de experiencia. Pronto iban a comprobar que el mito de que las ambulancias de refuerzo son más movidas tiene parte de verdad. Antes de nada he de hacer acto de presencia en un chalet cercano, donde se celebra una concurrida reunión familiar. Según lo esperado, me recibe una cascada de chascarrillos acerca de la veracidad de mi excusa, pero apenas he terminado la ronda de saludos cuando un tono de sirena destaca sobre el bullicio. Es la señal, me tengo que marchar, explico. No puedo evitar una media sonrisa al tiempo que acelero al paso camino del vehículo. ¿Qué tenemos? inquiero al tiempo que hago aumentar el rumor del motor, acompañado por el zumbido de la barra de luces rotativas. Es un accidente de tráfico, no hay más datos. La incertidumbre es siempre la norma en los momentos previos, pero en los “tráficos” aún más. En el lugar del accidente quizá un par de conductores rellenen un parte amistoso, pero también es posible que una familia agote su energía enjaulados en los restos de su propio vehículo. Tardaremos lo menos posible en averiguarlo, digo para mis adentros al tiempo que cruzo las rotondas de salida de la localidad retirando el pie del acelerador sólo lo imprescindible. La combinación de las ráfagas de luz con las anaranjadas luces giratorias genera un baile fugaz en los árboles que rodean la amplia carretera. Circulamos prácticamente en solitario, y prescindir de la sirena resalta el agudo silbido del turbocompresor al extraer cada caballo del gasóleo. Conocer al dedillo la respuesta en cada curva permite acercar la velocidad a los límites de la física, pero teniendo siempre presente riesgos ajenos como un conductor ebrio o un animal suelto; no podemos permitirnos no llegar. Pocos kilómetros más adelante, una nube de destellos multicolor anuncia la presencia de otros servicios en el accidente. A un lado de la carretera, un guardia civil conduce hacia su furgón a cuatro engalanados veinteañeros que tratan de explicarle lo sucedido. El rugido de los compresores dirige mi mirada hacia el pesado camión de salvamento, pero sin localizar el supuesto coche accidentado. Rodeando el ruidoso vehículo, descubro que la luz arrojada por los focos de su mástil baña la vegetación que cubre la rotonda, creando una suerte de improvisado escenario teatral. En su centro, un equipo de bomberos se arremolina al lado de un destrozado utilitario que ahora descansa sobre su techo. Tras repartirnos aprendices y tareas, el responsable del mi equipo se dirige al coche mientras yo me encargo de recibir la información del agente. Cuatro leves -retransmito al reencontrarnos instantes después- ¿Y allí? Sólo bomberos con una reanimación, relata con sorprendente calma, transmitiendo la sensación de que poco queda por hacer. ¡Cambiamos! exclamo camino de nuestra unidad, voy yo al coche. Es cierto que la formación en emergencias sanitarias de los bomberos ha avanzado enormemente durante los últimos años. Lo sé porque a veces somos nosotros los encargados de impartirla, tanto en su preparación a la oposición como durante la academia. No obstante, estoy seguro de que este paciente se puede beneficiar de los medios y la experiencia de un equipo sanitario. Central, cinco pacientes, cuatro leves y uno crítico en reanimación; necesitamos otra ambulancia y una UVI-móvil. El micrófono de la emisora cae sobre el salpicadero mientras apresuradamente hago acopio del material. Al tiempo que animo a los bomberos a no detenerse, coloco un collarín a un cuerpo inerte que difícilmente aparenta alcanzar la veintena. Informan de que apenas unos minutos atrás lo encontraron fuera del coche y comenzaron las maniobras. Acaba de vomitar, eso es bueno ¿verdad? inquiere uno de ellos demandando algo de esperanza. Mi respuesta le devuelve a la dura realidad: depende… si no hay otros signos de vida es probable que el aire no esté entrando a los pulmones, desviándose hacia el estómago y llenandolo hasta que éste expulsa bruscamente su contenido. Empecemos por ahí: el motor del sistema de aspiración se esfuerza en hacerse con el líquido difícilmente identificable que rebosa por su garganta, mientras continúa el masaje cardíaco. Muy difícil, pienso en voz alta. Segundos después, recolocamos la cánula que facilita el paso del oxígeno e intentamos de nuevo introducirlo en sus pulmones, manteniendo una presión en su nuez que cierra el paso desde el estómago; parece que el balón de resucitación se deja comprimir con algo más de facilidad. Pasados un par de minutos, una rápida ojeada al indicador me confirma que la sangre que impulsamos transporta algo de oxígeno. ¿Donde andará esa UVI? ¡Y treinta! Tras el aviso del fin de la serie de compresiones torácicas, sello con la mano izquierda la mascarilla sobre el rostro y aprieto con la derecha el balón de goma. El pecho se eleva, pero el músculo cardíaco no muestra el menor signo de actividad. Durante la segunda insuflación levanto la mirada hacia los destellantes ámbar de un pequeño vehiculo que se dirige a toda velocidad hacia nuestra posición. Cuando lo reconozco como uno de los coches de atención domiciliaria, desciende apresuradamente de él un equipo de tres personas, pues además del médico y técnico habituales acuden a avisos graves con enfermero y material avanzado prestados del centro de urgencias. El azar querría que pasado un tiempo lo conociera de primera mano al estar asignado durante más de dos años en aquella misma unidad. ¿Un ocho? El médico asiente. Mientras preparo un tubo de aquel tamaño con el que intentará aislar las vías respiratorias del joven, él se tumba sobre la hierba seca para poder observar su maniobra. Parece complicado, advierto mientras me cubro los ojos con las gafas de protección ante salpicaduras, recordando todo lo que se encontraba en la garganta del paciente minutos antes. Al introducir el instrumento metálico, un súbito espasmo impregna nuestros rostros con un incómodo moteado rojizo, y el equipo médico parece preguntarse si aquella demostración de riesgos laborales estaba ensayada antes de volver a intentar la técnica, ya con el rostro protegido. Tras un fallido tercer intento reconocen la enorme dificultad de la maniobra en aquellas circunstancias, por lo que la eterna espera a la UVI-móvil continúa. Al menos el enfermero ha conseguido canalizar dos estrechos accesos venosos, pero eso no hará que nuestro paciente se recupere. Tras un interminable cuarto de hora, el esperado equipo hace acto de presencia. Disculpad el retraso -son las primeras palabras del doctor que lo lidera- venimos del Real. Al menos hay tres unidades mucho más cerca, no puedo evitar pensar, debe ser una noche realmente dura para que estén todas ocupadas. Pese a contar con otras alternativas menos complejas de ejecutar, el segundo médico decide repetir la maniobra. Afortunadamente para él y para nuestro paciente, en esta ocasión el extremo del tubo alcanza su destino, llenando los pulmones con el ansiado oxígeno. Bip. Bip. Todas las miradas del equipo convergen en la línea de luz trazada por el monitor, que comienza a registrar actividad eléctrica en el hasta entonces inmóvil corazón; dos dedos sobre el cuello y el médico confirma la buena noticia: tiene pulso. El equipo de bomberos no puede reprimir el júbilo tras el resultado del intenso esfuerzo, pero los rostros de todos los sanitarios reflejan que hemos presenciado demasiadas situaciones similares con final amargo como para contagiarnos. Al introducir la camilla con el paciente crítico en la UVI, escucho tras de mí una voz familiar: Estamos aquí ¿Cómo lo organizamos? La ambulancia titular de nuestra base acaba de llegar, por lo que sólo resta iniciar el camino hacia el hospital. Ya al volante, uno de los dos pacientes -dos leves más viajan en la otra ambulancia- se dirige a mi a través del ventanuco: ¡Con cuidado, eh! Que ya hemos tenido el susto de hoy… Una sonora carcajada resuena en la cabina asistencial como producto a su brillante ocurrencia. Inspirando profundamente, contemplo la sangre de su amigo que todavía mancha parte de mi uniforme y piso suavemente el acelerador alegrándome de no estar al otro lado del tabique, donde el jolgorio continúa. En la clasificación de pacientes del hospital, la doctora se sobresalta ante la fila de heridos que traemos ¿Han derivado a los cuatro aquí? Bueno, son leves y el hospital de al lado está con la parada recuperada, explicamos. Ella asiente al mismo tiempo que pulsa el timbre de emergencias. Son de un accidente fuerte -se justifica mientras entramos en la sala de reanimación- hay que asegurarse rápidamente de que ninguno tiene nada grave. Un trío de médicos y otras tantas enfermeras abandonan al punto sus tareas en la sala aneja y cruzan el pasillo que nos separa. El destello en la mirada de una de ellas confirma que agradece sorprendida mi presencia: no te alegres mucho, susurro cuando pasa por mi lado. Instantes después, todos los profesionales se afanan en la primera valoración a los heridos, por lo que un breve roce de manos y una casi inaudible despedida harán las veces del contacto acostumbrado. Con el singular grupo ya en buenas manos, tomamos el camino de la base cuando un temblor desde el bolsillo me sobresalta. Al otro lado del aparato, una voz femenina exclama: ¡Se han escapado! Es judicial, tendremos que reportar la fuga al jefe de guardia y a la Policía. Resoplo. Vamos a dar una vuelta -respondo tratando de resultar constructivo- pero aunque les encontráramos no creo que pudiéramos hacer que volvieran. ¡Mierda! Tampoco podíais evitarlo, mañana me cuentas más. Las desiertas aceras que rodean el hospital no muestran rastro de los chavales, que probablemente han continuado su noche de particular juerga. Antes de acceder a la autovía detenemos las dos ambulancias en las urgencias del otro gran hospital. Allí, un equipo de UVI móvil recoge con pesadumbre. No ha podido ser. Es la respuesta a nuestra pregunta: el corazón del chaval se detuvo durante la transferencia y, a diferencia de lo que ocurrió en la escena y durante el camino, en aquella ocasión no volvió a latir ni siquiera con la ayuda de los medios hospitalarios. Esa noche, las nuevas incorporaciones aprenden que en ocasiones todo no es suficiente. Que las situaciones no siempre tienen sentido. Y que, aunque el aviso flote en el ambiente durante el silencioso trayecto de vuelta, no podemos olvidarnos de cambiar las botellas de oxígeno vacías. Porque nunca se sabe lo que nos espera.

El 112 centraliza las llamadas a Bomberos y Mossos de Escuadra

El 112 centraliza las llamadas a Bomberos y Mossos de Escuadra

El 112 será el teléfono único de emergencias a partir de mañana 1 de octubre en Cataluña. Los Mossos d’Esquadra, los Bomberos de la Generalitat y Protección Civil recibirán llamadas sólo a través del 112  a partir del 1 de Octubre, siendo éste el número único de emergencias. El 088 y el 085 dejarán de prestar servicio a partir de esa fecha.  

En los últimos meses los ciudadanos  escuchaban un mensaje grabado informando de la supresión de los teléfonos de emergencias diferentes al 112. Las llamadas que entraban por estos números  se desviaban al 112.

La medida pretende “facilitar la coordinación y mejorar notablemente la atención ciudadana”, según ha explicó en su día Andreu Alonso, director de las Salas Operativas del 112, a la agencia de noticia ACN. La normativa europea obliga a suprimir progresivamente los números telefónicos de emergencias diferentes del 112.

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El Rey visita el Centro de Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid

El Rey visita el Centro de Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid

El Rey Don Juan Carlos ha visitado este jueves el Centro de Emergencias 112 (por primera vez desde su apertura) para comprobar de primera mano el funcionamiento de las instalaciones y sus protocolos de actuación, destacando de su labor el rápido tiempo de respuesta y la motivación e implicación de todo el personal de los servicios de emergencia para solucionar cualquier situación.

Tras finalizar la primera visita a esta instalación, Don Juan Carlos se ha dirigido de forma breve a los medios de comunicación para expresar su satisfacción por la labor desplegada por el Centro de Emergencias 112 y ha destacado también el escaso tiempo con lo que se activan los dispositivos de actuación.

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Más de 700 profesionales cuidarán de más de 180.000 asistentes a Rock in Río

Más de 700 profesionales cuidarán de más de 180.000 asistentes a Rock in Río

La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, el vicepresidente regional, Ignacio González, la consejera de Presidencia y Justicia, Regina Plañiol, y el alcalde de Arganda del Rey, Pablo Rodríguez Sardinero, han comprobado el dispositivo de seguridad que se desplegará durante el festival los días 30 de junio y 5, 6 y 7 de julio, coordinado por la Guardia Civil.

Durante la visita han asistido a un simulacro en el que se ha mostrado cómo se actuaría en caso de que se localizase un artefacto explosivo.

El dispositivo de seguridad estará integrado por 771 profesionales públicos y privados entre agentes de la Guardia Civil (275), Policía Local (75), bomberos (11), voluntarios de Protección Civil (80), personal del Summa 112 y vigilantes de seguridad.

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Castilla y León, abandono de servicios

Castilla y León, abandono de servicios
Incendio acercándose al pueblo

En la pequeña localidad segoviana de Languilla pudo haberse producido ayer la catástrofe a cuenta del abandono que por parte de la comunidad de Castilla León existe, al menos, en los pueblos pequeños.

Ayer 2 de Junio de 2012 a eso de las 21:00 horas, los vecinos de la localidad observaron un incendio en la linde del río. Se desconocen las causas del incendio, si pudo haber sido por alguna colilla arrojada desde algún vehículo, o algún gracioso que quisiera quemar el polen que en esta época arde como si fuera gasolina. Afortunadamente se encontraban cerca algunos jóvenes de la localidad que se apresuraron a extinguir este fuego, o a intentarlo al menos ya que a cuenta del susodicho polen se extendió por toda la ribera del río llegando a cruzar la carretera en dirección al pueblo, y aquí es donde empezó el verdadero peligro. Dos vecinos de la localidad avisaron del incendio vía telefónica, (no sabemos si a Guardia Civil o al 112) pero nadie aparecía. A eso de las 21:30 llegó una patrulla de la Guardia Civil, a los que hay que agradecer su gran labor, y con la ayuda de varios vecinos del municipio pertrechados con ramas verdes se dirigieron a intentar apagar el fuego que, peligrosamente, se acercaba a las naves, gallineros, y viviendas de los «Koreanos«.

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Afán de protagonismo

Gonzalo Torés Elorza cruzando la meta
Gonzalo Torés cruzando la meta

Es una pena que siga habiendo alguna gente con una cerrazón mental tal que no puedan ver mas allá de «su emblema». Parece ser que algunos, que afortunadamente son minoría, creen que van a heredar el servicio del ayuntamiento. Y no quiero con esto hacer apología anti Samur, pues afortunadamente son muchos los compañeros que te tratan y a los que se puede tratar como tal pero hay siempre manzanas podridas, como en otros sitios, y curiosamente están casi siempre en las altas esferas.

El motivo de este post viene por que, por si aún no lo sabíais, hoy se celebró la IV Carrera Vertical a la Torre Espacio, en Madrid. Una carrera que originariamente efectuaban solo los bomberos, pero que posteriormente se abrió al público general. Casualmente este año, un compañero y amigo de mi UVI, Gonzalo Torés Elorza, se ha animado a subirla, lo que requiere ya de por si un gran valor, ya que son 55 plantas. En la foto le podéis ver cruzando la línea de meta tras subirse las 55 plantas de la torre. Como buenos compañeros que somos, y teniendo en cuenta que estabamos teniendo una mañana tranquila, nos hemos acercado para animarle (por supuesto a la escucha y preparados para seguir trabajando, estando a escasos metros de nuestra base) y verles realizar esta proeza (también estaba Ramón, otros compañero de la UVI 4) que no todos nos atrevemos a realizar, (otros parece que prefieren llamar por el móvil).

Al llegar a la torre, hemos visto el impresionante tinglado que había allí montado, por la organización de la carrera, cubierto por la policia, y con dos puestos de compañeros (a estos si se les puede llamar compañeros) del Samur, uno en la planta 33 (por lo que nos han contado desde la organización de la carrera, es decir, personal ajeno al Samur) y otro en la planta 55. Al llegar a la planta 55 para ver la llegada de nuestro campeón, hemos visto a los compañeros del Samur y pese a estar allí, como digo, para apoyar a nuestro compañero, nos hemos puesto a su servicio por si necesitaran nuestra ayuda, algo que amablemente han agradecido

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Feliz Nochevieja, y Próspero Año Nuevo 2012

Desde Summarios no queríamos dejar pasar esta ocasión para felicitaros la Nochevieja y desearos un próspero Año Nuevo 2012 a todos, donde nuestra profesionalidad venza a los recortes y todos nuestros sueños se hagan realidad. Quisiéramos desearos a todos los que esta noche velareis por nuestra salud y seguridad como otras veces hicimos nosotros, Sanitarios, Policías y Guardias Civiles, Bomberos, Sociales, Voluntarios, etc, la mejor de las guardias con el mínimo trabajo posible, que podáis comer, cenar y tomaros las uvas y que trabajéis menos que nunca pues eso significará que los demás estamos bien.

Trataremos de no daros trabajo, no bebiendo en demasía, y no conduciendo si hemos bebido algo o tenemos pensado hacerlo. Trataremos de comer moderadamente tranquilos y hablando con la familia, relajados para no atragantarnos,  como deseamos que podáis hacer vosotros.

Si hay algún día en el que todo el mundo quiere que cobremos sin trabajar es este.

Mañana habrá que hacer balance de como ha ido el año, iniciar proyectos y acabar los empezados a principio de este año que hoy acaba. Hoy centrémonos en la felicidad y alegría, en los buenos deseos y en los sueños por cumplir. Mañana será otro día, así que hasta el año que viene a todos.

Voluntarios de Protección Civil participan en un curso de rescate urbano en Valdemoro

Los voluntarios de la Agrupación de Protección Civil deValdemoro, participan desde el pasado viernes en un curso de capacitación en rescate urbano organizado por la Concejalía de Urbanismo y Seguridad Ciudadana, tras el acuerdo alcanzado con el cuartel de bomberos de las Heras, situado en la localidad argentina de Mendoza.

El oficial subayudante y jefe académico de este parque, Carlos Alberto Félix, es el encargado de instruir a los voluntarios de Valdemoro en los aspectos teóricos y prácticos que han de tener presentes en emergencia, especialmente si se producen en espacios confinados, o en situaciones de búsqueda y rescate en incendios.

El programa del curso también incluye el trabajo con cuerdas, rescate en altura, valoración de estructuras colapsadas y posterior apuntalamiento, y extracción de heridos.

Además de las clases teóricas, los miembros de Protección Civil de Valdemoro participan en cuatro jornadas prácticas; el pasado fin de semana se celebraron las dos primeras en el rocódromo del área de Deporte Urbano, y las dos últimas tuvieron lugar el (17.00 a 23.00 horas) y el domingo (15.00 a 21.00 horas), en las ruinas de una antigua fábrica de yesos situada en el Cerro del Espino (salida Sur a la A-4, sentido Madrid).

Gabinete de Prensa
Ayuntamiento de Valdemoro

Sinergia

Incendio en ViviendaUna noche más, la Dra. Espejo y yo nos despedimos de Victoria en el portal de esta última; en esta ocasión ha tardado unos minutos en admitir que la soledad y la tristeza son los verdaderos motivos de su llamada. Nos gustaría hacer algo más por ella que realizarle un rápido examen para descartar las enfermedades más habituales y recomendarle que refuerce su vida social y que cuente su estado de ánimo al médico de cabecera, pero no lo encontramos. Nos marchamos con tan sólo una certeza: volveremos a verla en breve, ya sea en la consulta del centro de urgencias o en su domicilio.

Desde un punto de vista algo frívolo podríamos interpretar que todos los avisos son bienvenidos -especialmente casos como este que no implican riesgos, trabajo duro ni grandes responsabilidades- ya que colaboran en las estadísticas que justifican el mantenimiento de los recursos en épocas de escasez presupuestaria; pero jamás hay que perder de vista que mantenernos ocupados con avisos que podrían resolverse por otros medios retrasa la asistencia de los demás pacientes, alguno de los cuales puede estar verdaderamente grave. De todas formas ¿Qué más da? No tenemos ninguna potestad sobre los avisos a los que nos mandan. No tardaría mucho en sentir que alguien escuchaba mis divagaciones.

Al tiempo que tecleo en la emisora los códigos de finalización del aviso, Espejo trae al frente de la carpeta un informe en blanco para recoger el nuevo aviso. La voz del compañero de la central suena aún mas firme a través de la emisora: incendio en vivienda, UVI móvil y bomberos en camino. No puedo evitar el trote del ritmo del corazón mientras activo las luces de emergencia y acelero rumbo al lugar. Acostumbrado a conducir pequeños camiones de cuatro toneladas, un utilitario ágil pero potente como el actual supone un pilotaje tan preciso como delicioso.

El bloque afectado se encuentra a media altura de una larga calle de un sentido, al final de la cual apreciamos un camión de bomberos acercándose hacia nosotros. Detengo el vehículo a uno de los lados para no obstruir el paso de otros vehículos, nos hacemos con los equipos de autoprotección y así como con el resto de material y caminamos decididamente hacia el ácido destello multicolor.

El color de su casco nos permite localizar fácilmente al mando de bomberos, que supervisa como parte de su personal se afana en extender las mangueras mientras otros evacuan el interior del bloque y localizan posibles víctimas. Le informamos de la zona que usaremos para clasificar y tratar a los posibles heridos, y por su parte nos confirma que el piso en el que se inició el incendio parece estar ocupado.

Cinco minutos después, dos bomberos emergen de la densa nube acompañando a una mujer, vestida tan sólo con un camisón envejecido por el hollín. Ya en el punto de asistencia sanitaria, nuestro artilugio que mide su oxigenación nos da buenos valores, pero dado que una de sus limitaciones es precisamente en intoxicados por humo tenemos que fijarnos más en el paciente: en este caso las vías respiratorias están manchadas de hollín, lo que indica que ha aspirado abundante humo y que por lo tanto puede sufrir complicaciones en minutos; alguna de ellas, como la hinchazón de la laringe, podría conducirla a la muerte por asfixia. El oxígeno, ahora aplicado a la máxima concentración, trata de desprender el monóxido de carbono que se agarra poderosamente a su hemoglobina, y así revertir en lo posible el proceso; mientras, mi compañera le canaliza una vía venosa para poder aplicar medicación con efecto inmediato. Somos conscientes de que esto no es suficiente, pero no podemos hacer más que esperar hasta que, pasados escasos minutos, identifico la brillante silueta de la UVI móvil al comienzo de la calle.

No todo está ganado. A pesar de haber pasado ya la medianoche, el inesperado bloqueo de la angosta calle ha generado una interminable fila de vehículos que impide a la UVI móvil alcanzar nuestra posición: no les queda otra opción que hacer el trayecto a pie cargados con las mochilas, el monitor y la bombona de oxígeno. Ellos constatan que el empeoramiento de la paciente, que requiere asegurar sus vías respiratorias mediante un tubo traqueal, pero para conseguirlo deben encontrarse en la cabina asistencial de su vehículo, alejado varios cientos de metros. Sus dos técnicos desandan el camino para volver cargados con la camilla, para así colocar en ella a nuestra paciente y recorrer una vez más el trayecto de vuelta, jalonado de obstáculos como el mobiliario urbano y los vehículos que forman la retención.

Para entonces, las alarmas de su monitor -capaz de calcular el nivel de monóxido de carbono- se han disparado. El médico y la enfermera se adelantan para preparar el material y así no retrasar ni un segundo la maniobra. Una vez que el paciente se encuentra en el interior de su vehículo ellos se hacen cargo completamente y la intervención por nuestra parte finaliza, pero hay algo que me impide sentir satisfacción: una circunstancia ha impedido que un paciente grave reciba inmediatamente tratamiento. Una tarea aparentemente secundaria como la regulación del tráfico puede transformarse en crítica, por lo que resulta fundamental que ninguno de los componentes falle. Y aunque esta teoría es aplicable en casi todos los ámbitos, en el nuestro las consecuencias van más allá de retrasos en la producción. Hablamos de personas.


Amanecer inesperado

Ambulancia de Cruz Roja en intervención nocturnaCambiar el vehículo nunca es una tarea agradecida, pero hacerlo una tarde de verano resulta verdaderamente pesado. Comprobar a fondo un furgón para posteriormente completar su equipamiento no nos emociona en absoluto, pero al menos asegura que no echaremos nada en falta cuando más lo necesitemos. Comparto la guardia con dos compañeros que se incorporaron no hace mucho tiempo, por lo que a buen seguro aprovecharán la minuciosa revisión.

Una vez finalizada la tarea, la cena transcurre plácidamente intercambiando impresiones sobre sus progresos laborales con Casas, el cuarto del equipo. Es más que agradable constatar que gracias a su presencia la situación se mantendrá bajo control, sea lo que sea lo que nos aguarde esta noche. Pasan unos minutos de las dos de la madrugada cuando la estridente alarma de la emisora nos hace saltar desde el sofá a recibir el aviso: en un centro de urgencias de una pequeña localidad, un niño ha sufrido una crisis epiléptica.

Los destellos anaranjados iluminan fugazmente los árboles que rodean la interminable carretera a nuestro paso, mientras nos extrañamos por lo infrecuente de la solicitud: habitualmente, si hay riesgo de nuevas crisis el traslado al hospital lo realiza una UVI-móvil, y si no lo hay son los padres del paciente lo que evitan la demora mediante su vehículo particular.

La enfermera que nos recibe nos informa de que efectivamente los padres partieron con el niño unos minutos atrás. Mientras les explicamos que en la próxima ocasión deben anular la llamada para nosotros quedar disponibles, el timbre del teléfono del centro nos interrumpe. Es para vosotros… nos mira la doctora tras responder. Qué extraño, la central es la única que conoce nuestra localización y nos hubieran llamado a través de la radio; Casas recibe el auricular, y sorprendentemente no es Miguel Gila el que se encuentra al otro extremo.

La Policía Local necesita un equipo sanitario por un accidente de tráfico que acaba de ocurrir en las afueras del pueblo. La coincidencia resulta providencial para las compañeras de aquel pequeño centro rural, puesto que de este modo no necesitan abandonar su puesto. En apenas un minuto alcanzamos el lugar, descubriendo que un utilitario ha volcado y se encuentra fuera de la carretera. Casco y gafas, guantes, trescuartos… Una vez equipados con el material de autoprotección, pido a los dos compañeros nuevos que no se separen de mi, nos hacemos con los botiquines y bajamos de la ambulancia para evaluar la escena.

En el interior del vehículo hay tres jóvenes de nuestra edad; En la parte posterior, dos de ellos no pueden abandonarlo dado que el fuerte impacto ha deformado la estructura atrapando parte de sus piernas, y exigen a gritos que les liberemos; el tercero, sin conocimiento, mantiene su posición de conductor, tan sólo sujeto por el cinturón de seguridad. A este último no sería difícil liberarle -cualquiera de nuestras tijeras puede cortar lo que le retiene- pero al encontrarse inaccesible y colgando boca abajo, la maniobra le podría causar daños irreparables en una columna posiblemente dañada. Tras valorar la estabilidad, Casas se introduce en el habitáculo reptando sobre el techo, corta el contacto y comienza a valorar al paciente. No me importaría en absoluto estar en su lugar, pero mi rol es otro, y no menos trascendente.

Al otro lado de la calzada yace otra joven, posiblemente la acompañante. Mientras me relata cómo ha salido del coche para tumbarse en ese lugar, compruebo su respiración y pulso, que no parecen afectados. Empezamos. -¿Recordais la evaluación inicial del paciente traumático? Adelante- pregunto, encomendando así la tarea a los dos compañeros libres. Central: cuatro heridos, tres atrapados, uno de ellos grave; necesitamos más ambulancias y bomberos, informo a través del walkie mientras corro hacia la ambulancia.

Tras recoger el material necesario, comienza la segunda ronda: en el vehículo asisto a Casas con las primeras medidas de apoyo vital al inconsciente (collarín, vías respiratorias, oxígeno) al tiempo que converso con los otros dos atrapados tratando de calmarles. Levanto la vista y aprecio que el número de transeúntes se ha multiplicado, varios de ellos rodeando a mi dos compañeros y a su paciente. No podemos dejar que la situación se desborde: empleando el material adecuado dirijo la inmovilización completa de la paciente, lo que nos permite resguardarla en el interior de la ambulancia, donde permanece acompañada de los dos técnicos.

Esto me permite volver al vehículo accidentado para evaluar el estado de los dos atrapados, puesto que ya no gritan con la misma intensidad, lo que paradójicamente resulta preocupante. No he terminado de valorarles cuando escucho una discusión que parece provenir de un lugar sospechosamente familiar… No puede ser. Corro de nuevo hacia la ambulancia para expulsar con cajas destempladas a los testigos que habían hecho de ella lugar para su discusión, desesperando a la paciente y mis compañeros, a los que exijo que aseguren las puertas tras mi salida. Pido ayuda a los agentes municipales, que hacen lo imposible por controlar una muchedumbre cuyo número ya parece superior a la propia población del municipio.

Han transcurrido un par de minutos cuando, súbitamente, un resplandor me ciega durante unos segundos. Giro la cabeza para encontrar su fuente y descubro una agradable sorpresa: el camión de rescate de bomberos, mientras vacía su interior de personal, ha elevado y prendido el mástil telescópico de iluminación, lo que facilitará enormemente la tarea. También vislumbro la llegada de una UVI móvil y una ambulancia de Protección Civil. Ahora sí. Tan sólo resta que Casas proteja a nuestro paciente invertido y que los bomberos pongan en marcha las herramientas hidráulicas que, siempre acompañadas del ruido sordo del compresor, creen un nuevo acceso al habitáculo; la extracción se hace así posible, deslizando al paciente sobre una tabla diseñada al efecto en la que se le asegurará para continuar en la UVI móvil los tratamientos previos al traslado.

Las herramientas hidráulicas opuestas fuerzan a la estructura trasera del vehículo, mediante un amargo chirrido, a recuperar su forma original y así liberar a los otros dos pacientes. Al mismo tiempo que se incorpora una segunda UVI-móvil, la otra ambulancia traslada al hospital a la paciente, liberada en su caso de la presión ambiental. Finalmente, y pese a nuestra insistencia, los dos pacientes ahora libres firman el alta médica en el mismo lugar y vuelven caminando a su casa, puesto que sólo han sufrido alguna contusión en las piernas. La imagen de ambos caminando por la cuneta con sus amigos, ajenos al milagro que acaban de experimentar, ocupa nuestra conversación durante la vuelta a la base.


Crónica de una no-siesta

Corre el verano del año 2002. No hace mucho que cambié de base de Cruz Roja por lo que todavía no conozco a todos los compañeros, pero con los de esta tarde me voy a llevar bien, seguro. Ambos son telecos,  como lo que yo seré algún día, y apasionados de las emergencias.  Después de una animada comida charlando de la actualidad universitaria y tecnológica, deciden sestear puesto que han estado trabajando por la mañana, mientras yo hojeo documentación en lo que pronto se convertiría en mi segundo hogar.

La cálida y tranquila tarde es súbitamente interrumpida por la entrada en el puesto de socorro de un hombre nervioso: ¡Un accidente! informa. Mi voz reenvía la información a las bellas durmientes: ¡Un tráfico, parece grave! La imagen de los dos compañeros en ropa interior poniéndose en pie de un salto para, acto seguido, mirarse extrañados todavía desorientados sigue grabada en mi memoria y dando mucho juego cuando nos vemos; realmente pareció que iban a echar a correr uno hacia otro hasta que sus cabezas chocaran y ambos cayeran desmayados, como en las comedias de humor deliberadamente absurdo.

Tras averiguar los detalles mientras mis compañeros vuelven a la realidad, partimos hacia el lugar, tan cercano que en apenas un minuto observamos como la policía señaliza la escena: una pequeña furgoneta ha chocado contra una cerca de piedra de forma tan violenta que ha quedado totalmente deformada. Evidentemente somos el primer recurso sanitario en llegar, por lo que primero debemos hacernos una idea general: como conductor me encargo de las comunicaciones y la seguridad mientras mis colegas evalúan el estado de los heridos.

Primeros problemas: el motor del vehículo accidentado está derramando combustible sobre la hierba seca del lateral de la carretera, por lo que extraigo el extintor de la ambulancia y me preparo para utilizarlo, esperando que no sea necesario. No hay atrapados en el vehículo, aunque esto no es tan buena noticia puesto que de los tres heridos que alcanzo a ver, resulta evidente que dos de ellos, ambos adultos, han salido despedidos; el tercero, un niño de unos 10 años, se sujeta el brazo con un gesto de dolor, pero parece que ha salido del vehículo por su propio pie.

Una vez situados, y mientras veo acercarse la ambulancia municipal, llega el momento de pedir refuerzos: central, necesitamos bomberos por riesgo de incendio y UVI móvil para paciente muy grave. Los dos adultos, tendidos en la cuneta, no han salido bien parados: uno de ellos se queja de la pierna, que ha tomado una forma nada anatómica, y el otro parece haber sufrido varios golpes pero no los siente, puesto que ha perdido el conocimiento. Si les pusiera un color a cada uno sería el verde, el amarillo y el rojo, respectivamente.

La fortuna quiere que en uno de los coches que se encuentra retenido por el accidente viajen una médico y una enfermera del centro de salud, a las que proporciono el material necesario para comenzar los primeros tratamientos al rojo (abrir la vía aérea, oxígeno, sueros) con la ayuda del primero de mis compañeros; al mismo tiempo, el segundo evalúa al amarillo y pide al técnico municipal que se ocupe del verde.

Pasados unos minutos llegan la UVI y los bomberos, por lo que se impone una rápida reorganización: los sanitarios del centro de salud atienden al niño verde en la ambulancia municipal mientras mi equipo y yo inmovilizamos al amarillo, ya que ahora no tengo que estar pendiente del combustible, y la UVI continúa con los tratamientos avanzados al rojo. Esto es otra cosa, ahora jugamos en igualdad de condiciones.

Por suerte, amarillo no está tan dolorido como sugiere la deformidad de su pierna, así que sólo nos queda realizar la inmovilización de la extremidad y del eje del cuerpo, para posteriormente prepararlo para el traslado. Informamos de esto a la dotación de la UVI mientras ellos se afanan en prestar los cuidados a rojo para que de camino no surjan más complicaciones. La ambulancia municipal partió hace unos minutos hacia el hospital con verde y el equipo del centro de salud en su interior.

Finalmente los tres pacientes llegan al hospital en el mejor estado que les permiten las lesiones respectivas, y tras las transferencias hospitalarias los diferentes equipos iniciamos el camino de vuelta. Todavía nos queda por delante la limpieza y la reposición del material… Creo que hoy nadie nadie estará molesto por no haber podido dormir siesta.

ImagenMadrid112 (no relacionada)


Volar

Foto helicóptero rojo aterrizandoUn día más llegan las diez de la noche: la hora de la retirada, en la que Nuño -mi compañero- y yo somos reemplazados por los nocturnos, que llegan dispuestos a desafiar la noche madrileña con la ayuda de la siesta previa.

Para ser el mes de Enero ha sido una guardia relativamente tranquila, por lo que charlamos animadamente mientras volvemos a vestirnos como gente de a pie. “Voy a subir a la central a saludar ¿Vienes?” Por aquel entonces la base de la UVI-Movil se encontraba en el mismo edificio que la central de comunicaciones; Nuño había trabajado en ella y conservaba buenos recuerdos de los compañeros, yo me encontraba en la misma situación, por lo que no dudé en acompañarle.

Una vez arriba, me acerco a saludar a uno de mis primeros colegas de emisora, pero me detengo un momento ya que parece muy ocupado con algo: con una mano sostiene un auricular y con la otra señala el último nombre de una lista. Al verme, un rayo de esperanza cruza su rostro mientras al tiempo que descubro el motivo del desasosiego: ¿Guardia mañana en Lozoyuela? No he conseguido encontrar suplente… Eso sí que no me lo esperaba ¿En heli? ¡Por supuesto! Me dirijo a mi casa con la idea de descansar bien para al día siguiente estar, nunca mejor dicho, a la altura.

Afortunadamente, la guardia comienza más tarde que la habitual, por lo que me alcanza el tiempo a desayunar mientras negocio el préstamo del automóvil familiar. El camino no se me hace largo, pero me doy cuenta de que voy justo, demasiado justo. Quizás es eso lo que hace que tome el desvío equivocado, el acceso al parque no es fácil pero debería conocerlo… Aparezco diez minutos tarde ¡Mierda! Pues sí que empezamos bien… Afortunadamente, el solape de los turnos implica que no hago esperar al compañero saliente, y llego a tiempo de enterarme de lo acontecido en la guardia que en ese momento termina.

Durante la mañana, me dedico a revisar concienzudamente todos los sistemas de los vehículos terrestre y aéreo, especialmente el segundo que es nuevo para mi. El piloto y el mecánico aprovechan para instruirme en los procedimientos de seguridad, que me parecen realmente fundamentales. El resto de la mañana transcurre sin avisos, pero entre la comprobación al detalle y la preparación de la comida pasa realmente rápido.

Reconozco que no estaba seguro de contar con la confianza del equipo, ya que los helicópteros pertenecieron a bomberos y la fusión entre su servicio y el nuestro no está siendo fácil; sin embargo, me apoyan en todo momento e incluso la médico defiende con autoridad mi plaza en el helicóptero cuando ésta es cuestionada por el jefe de bomberos.

Súbitamente, una voz grave interrumpe el silencio a través de la megafonía del parque: “Aviso para helicóptero”. Al llegar corriendo a la helisuperficie con las mochilas de intervención, veo las aspas ya girando de la máquina; inspiro profundamente y me coloco los cinturones y el intercomunicador. Pensaba que este momento nunca llegaría: el pájaro alza el vuelo, pero esta vez conmigo en su interior. La voz del piloto a través del intercomunicador interrumpe mi momento de fascinación: “esta es el punto de la carretera, necesitamos ojos”. Tras localizar el accidente y un campo próximo adecuado, tomamos tierra y nos organizamos con los bomberos y la UVI de SESCAM allí presentes: hay tres fallecidos y una herida grave atrapados en un vehículo, mientras que en el contrario hay un sólo herido del que se hacen cargo los compañeros de Guadalajara.

Los bomberos se afanan en desencarcerar a Julia, la atrapada, mientras la médico y el enfermero se hacen un hueco para valorarla; no tiene buena pinta, lo que se corresponde con su circunstancia (en el mismo vehículo que los fallecidos). Una vez liberada, se confirman las sospechas: está consciente, pero su corazón late deprisa y está pálida, lo que indica una posible hemorragia interna. No hay tiempo que perder: “Julia ¿Ha montado en helicóptero? Pues hoy lo va a probar” le dice el enfermero mientras se aplican las primeras medidas de soporte vital (oxígeno, monitorización, sueroterapia). No han pasado ni un par de minutos cuando embarcamos y despegamos.

El viaje es breve (250km/h en línea recta acercan el destino) y estático, ya que no hay espacio para trabajar ni posibilidad de soltarse los cinturones sin motivo, por lo que me reparto el tiempo entre vigilar el monitor y mirar el paisaje, que sigue impresionandome. Una vez en el hospital 12 de Octubre tomamos tierra en la helisuperficie grande y, con la ayuda de una UVI-móvil, transferimos a Julia a la unidad especializada en heridos graves del Hospital. Recuerdo que no hace 24 horas que yo estaba al otro lado, con los pies en el suelo…

Julia saldrá adelante: se queda en buenas manos, puede que en las mejores que conozco. La vuelta es distendida, con el equipo bromeando a través del intercomunicador y yo -según el piloto- interpretando el rol de japonés, cámara incluida. El resto de la guardia transcurre tranquila, permitiéndome aprovechar para analizar con calma la intervención y así aprender de ella. No la olvidaré fácilmente.


El 112 canario recibe imágenes en tiempo real desde el lugar de la emergencia a través de vehículos de coordinación

El Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (Cecoes) 112 y su centro satélite, en la isla de El Hierro, ambos dependientes de la Consejería de Presidencia, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, participaron durante este jueves en el simulacro de accidente aéreo organizado por el Servicio Aéreo de Rescate (SAR) en El Hierro.

Se trata del ejercicio que anualmente organiza este servicio dependiente del Ministerio de Defensa, denominado “Canasar 2011″ y en el que intervinieron la mayor parte de los colectivos que actúan en situaciones de emergencia en el Archipiélago, según un comunicado.

Durante el simulacro, tanto el CECOI como la sala operativa pudieron recibir  imágenes de la emergencia, en tiempo real, a través de la cámara instalada en el vehículo de coordinación desplazado a la zona. Estas cámaras, que han sido colocadas en los vehículos de coordinación y comunicaciones del 1-1-2 en los últimos meses, permiten la transmisión de imágenes a través de tecnología GPRS o 3G en función de la zona de cobertura, así como realizar un seguimiento de la evolución de la emergencia, lo que ayuda a la toma de decisiones en la planificación y gestión de las emergencias.

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Piden ayuda para la viuda y el hijo del bombero fallecido

Un grupo de bomberos de Palma ha puesto en marcha una campaña para ayudar a la viuda y el hijo de dos años de Alejandro Ribas, el compañero que falleció durante la extinción de un incendio en agosto pasado. El llamamiento explica la «precaria» situación económica que atraviesa la familia, ya que se ha denegado a la mujer la pensión de viudedad pese a acreditar cinco años de convivencia y Cort todavía no ha abonado los 30.000 euros del seguro de vida.

En su escrito, la Associació Cultural i Esportiva del Cos de Bombers de Palma relata que la compañera de Ribas está actualmente en paro y que no ha recibido ayudas oficiales. Por eso, los bomberos apelan a la solidaridad ciudadana para recaudar fondos que ayuden a la familia a «reflotar sus vidas para volver a empezar».

Los donativos pueden ingresarse en la cuenta bancaria abierta para esta campaña (2051 0088 62 1070013142) y los bomberos piden además que se extienda el llamamiento. «Iniciamos este proyecto solidario de apadrinamiento con la certeza de que la respuesta de todos sobrepasará las fronteras de nuestros parques», explica el comunicado.

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Alerta naranja por altas temperaturas en la zona del Miño

La Xunta recuerda a la población la importancia de seguir las medidas de autoprotección.

La Dirección Xeral de Emerxencias e Interior de la Consellería de Presidencia, Administracións Públicas e Xustiza ha alertado de un episodio de temperaturas «máximas» de nivel naranja en la zona del Miño (Ourense) entre las 14.00 y las 19.00 horas del sábado 21 de agosto, cuando se «podrán alcanzar» los 39 grados centígrados en esta zona.

Según ha explicado el Ejecutivo autonómico, con el objetivo de «garantizar la seguridad» de los bienes y de las personas, la Dirección Xeral ha informado de la situación a «todos» los ayuntamientos del Miño, al servicio provincial de Protección Civil de la Consellería de Presidencia y a los bomberos de Ourense, entre otros.

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Una ambulancia del hospital Cíes arrolla a una limpiadora

Los bomberos rescataron a la víctima, que quedó atrapada entre el suelo y el eje trasero del vehículo.
Una limpiadora del hospital Xeral-Cíes fue atropellada ayer por una ambulancia que daba la marcha atrás en el pasillo reservado a estos vehículos sanitarios. Los bomberos rescataron a la víctima, que quedó atrapada entre el pavimento y el eje trasero de la carrocería. El accidente se produjo a las 11.08 horas en la avenida de Madrid, en un estrecho pasillo del Cíes que está reservado para la entrada y salida de ambulancias.

La limpiadora M.C.C.F., de 53 años, cruzó la calzada sin percatarse de la maniobra del transporte asistencial, que iba conducida por un varón de 45 años. Al parecer, la parte trasera golpeó a la viandante y esta cayó al suelo mientras la ambulancia continuaba su marcha hacia atrás. La víctima quedó atrapada entre el pavimento y el eje trasero, sin que llegasen a pasarle por encima las ruedas traseras. El conductor, al percatarse de que había topado con un obstáculo paró el vehículo sin causar más daños a la arrollada.

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Los trabajadores de la EMT aprenderán a reaccionar ante casos de emergencia cardiaca

Los más de 6.400 trabajadores de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) de Madrid tendrán la ocasión de aprender cómo deben reaccionar ante un caso de emergencia cardiaca gracias a unos cursos gratuitos y voluntarios que ofrecerán profesionales de Samur-Protección Civil.

El objetivo, según el delegado de Seguridad y Movilidad de la capital, Pedro Calvo, es «lograr que los conductores y empleados de la EMT estén preparados ante una emergencia médica a bordo de un autobús urbano».

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El 112 de Madrid paga 4,5 millones en vestuario

La empresa Iturri, ganadora del contrato de la Comunidad de Madrid. Los trabajadores del servicio de emergencias de la Comunidad de Madrid, Summa 112, estrenaremos en los próximos meses ambulancias y uniformes. Según aparece publicado en el Boletín Oficial del Estado, el gobierno de Esperanza Aguirre pagará 4,5 millones de euros (750 millones de las antiguas pesetas) a la empresa Iturri por el vestuario de los empleados.

La compañía es toda una especialista en el diseño de ropas profesionales ya que elabora uniformes de bomberos y policías, y es la empresa que tenemos en la actualidad. Sin embargo, en mi opinión fallan y mucho en el tema de logística tardando meses en devolverte la ropa en ocasiones.

Además, a partir de marzo, en el Summa 112 también empezaremos a utilizar nuestros nuevos vehículos. El plan de renovación de ambulancias costará 5,3 millones en los próximos años y el objetivo es tener 36 UVI móviles disponibles.Veremos si por fin nos ponen coches decentes de UAD en las unidades rurales, aunque eso yo ya no lo conoceré.

Solicita colaboración ciudadana para identificar autores incendios de Ezcaba

La Policía Foral solicita colaboración ciudadana para identificar a los posibles autores de dos incendios en el monte Ezcaba, ya que, según las primeras investigaciones, los fuegos pudieron ser provocados por personas que circulaban en quads.

Los incendios se declararon en la tarde del pasado domingo, día 30 de agosto, en las laderas del monte Ezcaba, y los mismos, según la investigación policial, pudieron ser provocados por personas que circulaban en quads por las inmediaciones entre las 15 y las 17 horas, según informa el Gobierno de Navarra en una nota.

Por ello, la Policía Foral pide que si algún ciudadano o ciudadana tiene conocimiento de lo ocurrido, contacte con el cuerpo policial.

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Un incendio en Los Ángeles acaba con la vida de dos bomberos

Dos bomberos que hacían frente al incendio incontrolado que sufre el parque natural ‘Angeles National Forest’, en el norte del condado de Los Ángeles (California), han muerto en un accidente, según las autoridades locales.

El accidente tuvo lugar cerca del monte Gleason el domingo por la tarde, y aunque no se dieron detalles sobre lo ocurrido, las imágenes de televisión ofrecidas por el canal local KCAL mostraron un camión despeñado.

El jefe de los bomberos del condado, Mike Bryant, dijo que el accidente ocurrió durante un periodo muy intenso de lucha frente al fuego en la cara norte del incendio, cerca de Acton, situado en las inmediaciones del Valle del Antílope.

No se dieron a conocer los nombres de los fallecidos.

En el encuentro con los medios, las autoridades indicaron asimismo que al menos 18 viviendas habían sido destruidas por el fuego en esa zona, y advirtieron de que el número crecerá las horas próximas.

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