Contra el dolor (I)

El aparato locomotor, el soporte estructural que permite y hace posible la postura, el movimiento y el gesto, es a menudo maltratado por sus dueños, y ocurre frecuentemente que cuando queremos servirnos de él o realizar determinadas acciones, responde con algias, contracturas o, simplemente, no responde. Arantxa Sánchez Vicario o Miguel Indurain o Rafa Nadal o cualquiera de nuestros campeones deportistas de primera línea, no han llegado a obtener sus títulos sentados en un sillón, sino que han necesitado horas de preparación física para conseguirlo. A lo largo de su carrera han superado lesiones más o menos graves con éxito.

El dolor, ese monstruo al que diariamente nos enfrentamos los médicos, es un signo de alarma. Gracias a él somos avisados de que algo no marcha bien en el organismo. Pero es necesario superarlo, tratarlo y, si me apuran, animarlo. El dolor articular, muscular o tendinoso puede ser debido a muy diversas causas: simples contracturas por estrés, enfermedades degenerativas como la artrosis, o autoinmunes como la artritis reumatoide…

Algunas personas no son capaces de superar un dolor local y eso provoca un síndrome álgico generalizado por contracturas y malos hábitos posturales que, de mantenerse en el tiempo, derivan en una situación anormal, con atrofia de determinados músculos, hasta afectar seriamente al movimiento.

Otras veces, nos atiborramos de calmantes con la finalidad de ir “poniendo parches” para poder “seguir tirando”. Los analgésicos (fármacos contra el dolor) y otros tratamientos convencionales no están en desuso; sin embargo hoy en día contamos con nuevas y perfeccionadas técnicas para tratar el dolor por sí solas o como acompañantes de las anteriores.

Desde la milenaria acupuntura practicada por los chinos, hasta los sofisticados métodos de electromedicina, todos ellos tratan ese soporte fisiológico que es nuestro aparato locomotor para mantenerlo a punto. La Filosofía China en la que se basa la medicina tradicional de aquel país, considera el cuerpo humano como un microcosmos, como un universo en pequeño. En él existen una serie de canales por los que circulan diversos tipos de energía, que denominan energía ancestral o hereditaria; energía psíquica; energía trófica o nutritiva; energía superficial defensiva; energías perversas, etc. Cuando alguno de estos canales se encuentra obstruido aparece un vacío energético por detrás de él y un exceso por delante, dando lugar a la enfermedad. Los puntos de acupuntura no son más que las “llaves” que permiten tras su manipulación con la aguja clásica, el masaje o el láser, reconducir la energía de forma fisiológica.

Pero la energía que existe en el organismo no es algo deletéreo, espiritual, esotérico o mágico, sino real. La vida, en el más amplio sentido del término, es un juego de energías, un desequilibrio-equilibrio en alternancia de energías bioeléctricas, bioquímicas y electroquímicas. Cada tejido adopta como suyos unos determinados tipos de energías y rechaza otros. Una epigastralgia (dolor de estómago) puede estar producida por la irritación que sobre las terminaciones nerviosas de la mucosa gástrica provocan determinados ácidos digestivos. Una ciática, sin embargo, se produce por meras descargas eléctricas del nervio por compresión o inflamación de los tejidos adyacentes.

Científicamente, se ha comprobado que la práctica de la acupuntura produce en el organismo incremento de las endorfinas (sustancias propias del organismo). Las endorfinas tienen un carácter neurohormonal, es decir, actúan como hormonas en las vías y en las conducciones nerviosas. Son sustancias tanto moduladoras como equilibradoras de las sensaciones dolorosas. Llámanse endorfinas por el parecido que sus moléculas tienen a las de los opiáceos o morfínicos.

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