CRÓNICAS SUMMARIAS-VIII: La sedación terminal obligatoria (STO)

Queridos Summarios:

No puedo más, así que me he tenido que coger una vía endovenosa y diluir un JB con hielo en 250 ml de suero fisiológico para transfundírmelo por la mediana basílica, y….ha sido, ha sido,…raro…y muy frío. Me duele…¡argh!. ¡Tengo espasmos y náuseas!

Disculpad estas líneas que os escribo desde la penumbra de mi guarida o zulo, pero mi Miniyo (que es mi Supermi) irá transcribiendo lo que mi mente esquizoide almacenó en la última maldita guardia. Y es que las guardias, son…muy, muy perras.

Cuaderno de bitácora de la nave del misterio XXX:

Eran las 3.00 am hora zulú…esa maldita hora en que no sabes si toca cenar, dormir, aullar a la luna, rezar porque no haya más avisos, o enchufarte una adolonta 100 mg via intra-cular (IM) cuando no miren tus compadres de la nave del misterio.

Habíamos tenido ya 10 avisos de código “Yayo” (es decir, abueloma de entre 80 y 90 años, con pluripatología, que vive sólo -el pobre- a pesar de haber sacado adelante una familia entera a costa de años de arduo trabajo y de cotización a la seguridad social, y que es abandonado a su suerte por sus descendientes, con tan sólo una herramienta de supervivencia: el botón rojo de “abuelalia”).

A las 03.01 hora zulú sonó el maldito artefacto satánico con la melodía de Highway to Hell…

Ché: – ¿Qué tenemos?

Centro: – Tenemos que conectar el walkie…

Ché: – Perdona, estooo….sí, ha sido un despiste. Dime.

Centro: – Tenemos un paciente.

Ché: – ¿Más datos?

Centro: – Sí, es urgente y te lo dejo en el Tablet…

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Crónicas Summarias-VI: Pesadilla en Elm Street

Hola Summarios:
Después de las guardias duras, y tras ingerir mucho vino tinto, suelo anotar los casos clínicos más relevantes en mi cuaderno de bitácora de la nave del misterio. Disculpad estas líneas, pero no puedo soportarlo sólo y tengo que compartirlo con vosotros:

13 de abril de 2013: Diario de a bordo:
Aquella guardia estaba siendo espesita. Llevábamos ya hechos seis avisos psiquiátricos y Chicho no parecía dispuesto a darnos tregua desde el centro coordinador. Eran las tres de la mañana, y llevábamos recorridos quinientos cincuenta kilómetros.

Ché: – Sigo sin entender que el recurso más cercano para atender Aranjuez sea Las Rozas, y que el recurso más próximo a Lavapiés sea Alcalá. ¡Que no lo entiendo, venga ya!

Cuca:- Fácil, doblas el mapa de Madrid y pinchas con un alfiler: donde marques, es el punto más cercano desde el punto de vista oligofrénico.

Paquitor:- Eh, ¿qué pasa? Que mi chica trabaja en el centro coordinador hoy. No te pases ni un pelo, Cuquita.

Cuca: – Que es broma, idiota. Lo hago para picarte.

Yo: – Está claro que se diazepaniza poco. Si es que Vulnus es un profeta, un iluminado, un portento. Yo lo veo claro.

Ché: – Pues yo creo que Chicho lo hace para dar por saco, porque le hemos pedido la hora de cenar a las 00.30 horas, y se ha mosqueado.

Volvió a sonar el teléfono con el tono de “Highway to hell”. Descolgué, y un habitante del planeta de los simios me preguntó a gritos que porqué estaba apagado el walkie.

Yo: – Pues disculpa, pero no nos habíamos dado cuenta. ¿Qué tienes para nosotros?

Móvil: – Un paciente.

Yo: -¿Podrías desarrollar un poco?

Móvil: – Aviso 444 urgente: Varón de 97 años,  cáncer de pulmón en cuidados paliativos, inconsciente, no respira… desde hace una hora…en Móstoles.

Yo: – Perdona, pero no me puedo creer que me estés diciendo esto. ¿Somos el recurso más cercano y adecuado para atender a este “calamardo”? ¿Y la UAD de por aquellos contornos? ¿No puede ir a certificar o es que no te he entendido bien?

Móvil: – Están cenando porque han estado cuatro horas con un tráfico con múltiples víctimas, junto a la Prote.

Yo: – Bien…De acuerdo; pásanoslo a la tablet que vamos para allá.

Colgué de mal humor.

Yo: – Esto es increíble. Nos mandan a certificar a un calamardo en la otra punta, urgente, y me dice que la UAD se ha comido un tráfico con múltiples víctimas, ellos solos con la Prote.

Cuca: – Que te digo que hay un chimpancé coordinando.

Paquitor: – No te vuelvo a invitar a churros al salir. Que lo sepas, Cuca.

Ché: – A mí me parece que es un concurso de tontos, y que vamos a ganar.

Salimos al trote cochinero, por decir algo, y nos subimos a la nave del misterio. Arrancamos y nos despedimos del tapper con albóndigas y de la tortilla de patata fría.

Paquitor:- ¿Calle de Francisco Chicheri, 1?¿Dónde está eso?

Ché: – ¿En Móstoles?

Pusimos el navegador mientras entrábamos en la M-40 y esperamos unos minutos. Nada. No salía nada de nada.

Cuca: – Menos mal que es un terminal, que si no la familia nos lincha cuando lleguemos mañana por la tarde…

Llegamos a Móstoles y comenzamos a dar vueltas. Nada. Callejero de papel: peor.

Yo: – Llama al centro, Paco, y pregunta si la familia nos puede dar pistas de por dónde cae la calle.

Paquitor: – ¿Centro?

Móvil: – …….

Paquitor: – ¿Centro?¿Me recibes? Somos la XXX.

Móvil: -…..(sin señal)

Paquitor: – No me da señal. Llama por el otro, por el walkie.

Ché: – ¿Centro? ¿Centro? Somos la XXX. ¿Me recibes?

Walkie: -….(sin señal)

Ché: – Vaya, debemos estar en el triángulo de las Bermudas porque nadie nos ve ni nos oye…alucinante.

Cuca: – Vaaaale, cojo mi Samsung Galaxy IV. Google maps….uhm…No os lo váis a creer, pero aquí pone que es una calle de Calasparra, Murcia. En serio.

Yo: – Venga ya. ¿Cómo? A ver…Tienes razón. Pues sí, qué casualidad.

Entrábamos, muy despistados, por la calle de la Libertad de Móstoles.

Ché: – Me suena mucho. Creo que es la casa del sastre, que vivía con cuatro hijas, que estaban en cuatro habitaciones diferentes, y hace cuatro años las asesinó a las cuatro de cuatro puñaladas con las tijeras, a las cuatro de la mañana.

Cuca: – ¿Cuatro,… Ché? ¡Nosotros somos cuatro!

Había cuatro personas en la calle esperando en el número cuatro; y eran ya las cuatro de la madrugada. Y el número de aviso era el 444. (Como dice Goyo Jiménez en sus monólogos, yo a la segunda coincidencia estaría corriendo colina abajo).

Una avutarda cruzó por delante de nosotros con paso alegre y Paquitor dió un brusco frenazo.

Paquitor:- ¡venga ya, qué susto! Casi atropello a ese pajarraco, y nos estrellamos.

De pronto se oyó una voz grave de ultratumba que en un lenguaje ininteligible similar al hebreo palindrómico o al egipcio hierático, dijo…schmuarhsdnisfrashisirrirri….y Ché contestó : – ¿Sí?, ¿Satán?

Cuca le dio una colleja porque se percató de que era el walkie con el volumen distorsionando la voz, que sonaba en abierto por el grado de estulticia del comunicante de dónde ya sabemos.

Walkie: – ¿Cómo que Satán? Déjate de chorradas. Llegáis tarde al aviso. La familia está en la calle esperando. ¿Dónde estábais?

Pasó de nuevo otro animal…parecía un hipogrifo, o quizá un escorpión escarabajero o un anguípedo de cola roma. Se levantaba una niebla espesa, y comenzábamos a ver con dificultad.

Paquitor:- ¿Satán?, digo… ¿centro? ¿Me puedes confirmar la calle?

Walkie: – Francisco Chicheri…

Paquitor: – Me pone en Google Maps que eso está en Calasparra, Murcia. ¿No nos salimos de zona?

Walkie.- Sabéis que no hay zon…estoooo…¿Murcia has dicho? Espera un momento, que voy a comprobar. Vosotros ir dirigiéndoos al lugar.

Ya pero… ¿a qué lugar? No sé en qué piensan los locutores cuando dicen esta frase, y lo habitual es que terminemos describiendo círculos en la M30 o M40, según.

(Transcurrieron unos segundos….)

Walkie: – No, os habéis vuelto a equivocar. Francisco Chicheri es el paciente. La calle es Margaret Tacher esquina John Lenon.

Paquitor: – ¿Cómo? El que se ha equivocado eres tú. ¿Margaret Tatcher tiene ya una calle en Madrid? ¿Y Sara Montiel?

Walkie:- Te has quedado sin hora de la cena, por listo y ….te guardo otros tres avisitos en cola, majo. Hala, tira.

Unos homínidos que nos hacían señas se aproximaron agitando las extremidades superiores mientras caminaban sobre sus cuartos traseros. Al primer golpe de vista parecían extraterrestres, pero en realidad sólo eran jóvenes rumanos de Transilvania. No obstante, todo el conjunto estaba tomando un cariz acojonante por momentos, y más cuando nos dimos cuenta que rodeaban y zarandeaban a una UAD, donde los tripulantes de la otra navecita del misterio estaban atemorizados sin salir.

Cuca: – ¿Por qué no activamos a los chicos de la porra de goma? Esto parece un poco fuera de lo habitual.

De pronto se acercaron tres zetas de la policía nacional. Y Cuca dijo: – Caramba, qué rápido: ¡telepatía!.

Los chicos de la UAD ya habían activado a la policía hacía un rato. Se acercaron con su vehículo al nuestro, bajaron las ventanillas y nos espetaron:
– ¿Necesitáis nuestra ayuda?

Paquitor:-Os ha avisado Ché para que trajerais los churritos, supongo.

El policía pareció no entender el chiste.

Los chicos de la UAD eran Javo y Luisón, que se estaban diazepanizando a sí mismos. Nos saludaron desde el vehículo y les devolvimos el saludo y una sonrisa de ánimo; creímos conveniente dejarles superar el mal trago pasado con los homínidos. Los agentes sujetaron a los extracomunitarios, y nosotros nos adentramos en el portal. Naturalmente el aviso era en el 4º piso sin ascensor, por lo que al llegar a la altura del tercer piso, Ché se enchufó el oxígeno, y yo me senté un momento en la escalera. Tenía la espalda echa un dolor. Cuca era la única que aguantaba, como buena corredora de maratones que era. Y los policías ni sudaban ni mostraban signos de cansancio alguno.

Por fin, tras recuperar el resuello y tragar el corazón, llamamos a la puerta del domicilio. Nos abrió una bella joven rubia embutida en una bata de dibujos indios o pakistaníes, y nos invitó a pasar, pronunciando con un fuerte acento rumano. La mujer era un bombón, pero la casa una ruina.

Mujer:- Mi marido está muy mal, por favor denle antibiótico para que se tranquilice. Ha cogido los cuchillos y la gorra…está mal, muy mal (??????).

Yo:- ¿Cómo? Así que varón de 97 años, cáncer de pulmón en cuidados paliativos, inconsciente, no respira… desde hace una hora…esto no me cuadra. Por favor, señorita, díganos que ha pasado.

Joven Rumana:- Pues, es que mi marido lleva una semana comiendo brócoli y pies de pollo chinos, que están de oferta en el supermercado, y de pronto se ha puesto raro y gritando, snif (llorando).

Yo:- Bueno, no se preocupe. Estamos aquí para ayudarles. Dígame, ¿sabe si ha consumido alguna sustancia o alguna droga?, ¿bebe?

Joven Rumana:- Bueno, lo normal…un litro y medio de cerveza al día, y…hoy se ha tomado kata…kita o kata.

Cuca: – ¿Keta?

Joven Rumana: – Eso, ¡keta!

Ché:- Buenoooo….ya estamos. Y, ¿nada más?
¿Seguro?

Joven Rumana: – Yo creo que no…no me ha dicho nada más. Bueno, yo lo he visto, porque él no me lo ha dicho.

Paco: – El que nos ha filtrado el aviso es un lumbreras, desde luego. Y ahora, ¿qué?

En efecto, el joven rumano se había puesto un jersey a rayas horizontales, a juego con los pantalones y la gorra, y había tuneado un guante de baseball (pronúnciese béisbol) y le había acoplado unos cuchillos en los dedos. Era un fan supermegafriki de Freddy Kruger, y estaba dando alaridos en la salita de la televisión viendo una de sus películas, completamente brotado. Recordando al detalle la clasificación DSM-III y DSM-IV internacionales, podría decirse que el paciente sufría un grave trastorno de personalidad psicótico con delirio paranoide e ideaciones homicidas a consecuencia, o no, de las drogas; y como diagnóstico podríamos concluir que estaba como una chota, el pobre, y más sonado que Mickey Rourke en El Luchador. Era un bigardo de 1,90 m  y …la policía amablemente nos dijo:
– Pasad vosotros delante, si queréis, no vaya a ser que al ver nuestros uniformes se ponga más nervioso.

Freddy seguía gritando y mirando la película en la TV. Por supuesto era una cinta pasadísima de pesadilla en Elm Street, número…n. De pronto se percató de nuestra presencia, y se giró hacia nosotros. En una hábil maniobra uno de los policías se situó de manera estratégica detrás de Ché, y el otro detrás de Paco. Era una técnica ensayada en la academia, similar a la estrategia de la tortuga romana, pero sin los escudos. Nos sentimos reconfortados sabiendo que existía un plan de actuación de seguridad que nos protegería.

Cuca abrió el maletín de medicación. Uno de los policías preguntó desde detrás de Che: -¿Le váis a tomar la tensión? Porque si te estorbo me echo hacia atrás.
Cuca miró hacia el techo con ojos de desesperación y gesto de malhumor.

Ché: – ¿Activamos a la psiquiátrica, doc?

Yo: – Estamos en Móstoles…. Buf… va a ser complicado manejar a Freddy. Cuca, prepara un haloperidol. Si los señores agentes nos ayudan a inmovilizarlo, le ponemos uno y nos lo llevamos nosotros.

Los policías se miraron. Abandonaron la estrategia inicial, y probaron con una nueva jugada de pizarra, de las ensayadas en laboratorio.

Agente 1: – Rafa, tú te acercas a él, y yo le propino un doliochagi para quitarle el guante. ¿Vale?

Agente 2: – Espera…mejor tú le distraes hablando y yo le hago una media Nelson por la espalda.

Tras cinco minutos de discusión estratégica llegaron a la conclusión de que era mejor que los sujetáramos entre todos, sin remilgos,  y ellos inmovilizaban los brazos y las piernas del sujeto. Evidentemente, la lógica militar y policial son fundamentales en estos casos, así que seguimos sus instrucciones al pie de la letra, pero…Freddy se nos adelantó. Dio un grito en inglés-chungo y saltó hacia Ché, que consiguió agacharse, y el agente de policía se encontró con el pobre rumano encima de él. En ese momento reaccionó y lo inmovilizó con una llave de artes marciales que nos dejó alucinados a todos.

Agente 1: – Venga, ¿no le ibais a pinchar? Pues ahora no se puede mover. ¡Aprovechad!

Cuca se apresuró y le clavó el haloperidol a través del pantaka vaquero, y el pobre Freddy gritó de nuevo. El policía lo tenía bien sujeto, y su compañero le ayudó a inmovilizar completamente al paciente. La verdad es que los polis cuando se cabrean, son Rambos en acción.

Yo: – Hala, a monitorizar en cuanto se tranquilice, y si no le metemos un chute para llevárnoslo. Me parece que este metaboliza rapidito y que el haloperidol se le va a quedar en un diente.

En efecto, el efecto del pinchazo fue pésimo para el enfermo. Freddy estaba mazas y consiguió librarse de la llave que le estaba haciendo el agente, y en el forcejeo le metió un zarpazo con el “guante-tijeras” que se había fabricado. El pobre policía se llevó un par de cortes en la mitad de la cara derecha, en la región malar y subpalpebral (casi en el ojo), y comenzó a sangrar. El otro policía reaccionó y le agarró el brazo del guante para inmovilizarlo, y Ché y Paco también se le lanzaron encima. Cuca se acercó al policía herido en la cara, y vio que los cortes iban a requerir tratamiento quirúrgico por los plásticos o por cirugía máxilofacial. El maldito aviso se estaba transformando en un problemón. Cogí el móvil y llamé al centro.

Móvil:- Qué, ¿ya habéis finalizado?

Yo:- Qué va. Esto se ha complicado. Necesito, por favor, que aviséis refuerzos. Uno de los policías está malherido, y el otro sujetando al enfermo. El paciente no es un abuelito, sino un psiquiátrico con un abuso de drogas, y no podemos con él. Está armado con una especie de guante con cuchillas; algo muy raro pero que corta como un demonio.

Móvil: – De acuerdo, no te preocupes que paso la voz urgente. Ahora os llamo.

Freddy no sólo era rumano, sino que era de Transilvania y …lo demostró, pegándole un buen mordisco en el cuello al otro policía, que giró la cabeza, y volvió a sujetarlo. El segundo mordisco de Freddy fue a la oreja izquierda del policía, y se la arrancó. El espectáculo se estaba volviendo dantesco. El agente, en un acto reflejo se llevó la mano al lugar donde antes tenía una oreja, y soltó el brazo de Freddy. Este le lanzó otro manotazo con el guante de chapa a Ché, que se echó para atrás, pero…le enganchó el cinturón, se lo cortó y hala…tajo en la región inguinal. Ché pegó un grito de dolor y blasfemó, mientras se llevaba las manos al escroto. Nos pareció que algo caía al suelo. En efecto, era el carné de padre de Ché. ¡Dios mío!, ahora necesitábamos hielo en una bolsa para colocar el testículo y el pene de Ché, y tratar de salvarlo…y la oreja del policía, mal asunto. Era la primera vez que veíamos una amputación de la salchicha con huevo, y encima era la de Ché. Paquitor saltó encima de Freddy y se le subió a caballo en la espalda mientras con ambos brazos le sujetaba la cabeza y la cara con todas sus fuerzas, y ya con un grado de cabreo 20 sobre 10. Freddy le lanzó un guantazo, y…falló. Pero el segundo acertó: corte en el cuero cabelludo de Paquitor, que le gritó:

Paco: – Cabrón, ¡me has cortado en la cabeza! ¡Te voy a mataaaar!

Ni que decir tiene que yo había perdido los papeles, y miré a Cuca bloqueado. Lo único útil que se me ocurrió fue lanzarle el móvil a la cabeza de Freddy, que lo esquivó con habilidad, y …le acerté de lleno a Paco en la cara. Olé, encima voy y le endiño a mi compañero. Paco se cayó hacia atrás.

Freddy se giró rápidamente y se iba a lanzar sobre Paco para “arañarle” un poco. Yo me dirigía hacia él como una locomotora, cuando de repente ocurrió algo que cambió todo. Cuca había cogido carrerilla antes que yo y le propinó una patada en las pelotas al rumano, con rosca. Cayó al suelo ipso facto y ya no se movió. El patadón había sido más fuerte que los de Roberto Carlos en los 90. El asunto se tranquilizó, pero aquello era un infierno. La joven rumana gritaba y gritaba. Yo buscaba la oreja del policía y la salchicha y la pelota del pobre Ché.
Sólo faltaba la guinda, que fue…que la TV explotó y comenzó un pequeño incendio, ¡para colmo!. Busqué el móvil por el suelo…¡por fin, lo encontré!. Llamé nervioso al centro para solicitar bomberos, y…¡la joven rumana comenzó a lanzar aceite en el fuegoooo! ¡¡¡¡¡Noooooooo!!!!

Hubo una explosión, como un fogonazo. De pronto lo vi todo negro. Abrí los ojos y… pude ver el techo de la habitación de mi casa…. Maldito reserva del 2005…había sido otra pesadilla después de una guardia perra, y todo había desaparecido.

Marqué como loco el móvil de Ché.

Ché: – Hola, doc.

Yo: – Hola Ché, ¿qué tal estás? ¿Todo bien? ¿No te falta nada de nada?

Ché:- Esto…tío, ¿otra vez has tenido una pesadilla? No vas a llegar a los cincuenta. Síestoy bien. ¿Por qué?

Yo: – Tus huevos…y tu salchicha…¿bien?

Ché: – Oye…¿te estás volviendo trucha? Pues claro que estoy bien.

Yo: Vale, y…¿Paquitor y Cuca? ¿Y los policías? ¿Y Freddy? ¿Todos bien?

Ché: – Oye, estás fatal. Échate a dormir otro rato, anda. Ciao.

Yo:- Gracias. Ciao.

A veces pienso que no debería tomar tanto vino al salir de las guardias, y debería cambiar a diazepam, que no produce pesadillas y no da resaca. Uf, la vida es dura summarios (qué susto he pasado).
Lamento contaros estas cosas, pero me siento…me siento…me siento raro.

Un saludo.
Diclozepam

PD: Espero que estas narraciones nos sirvan a todos para fomentar el buenrrolismo, y pasarlo bien.  Aprecio mucho a los locutores del centro coordinador, y tengo buenos amigos allí, y por supuesto también en la policía nacional. Son grandes profesionales, grandes amigos, y grandes personas. Su trabajo no está ni valorado, ni pagado. Más de una vez los policías nos han sacado de un gran apuro, y nos han ayudado a empujar la UAD. Quiero enviarles un abrazo, también. Estas historias son sólo para amenizar nuestro trabajo. Vemos cosas demasiado reales, ¿verdad? A veces la realizad supera a la ficción, lo sabéis mejor que yo. Si no fuera por este mecanismo de defensa del subconsciente, nos volveríamos locos entre tantas desgracias.
Cuidaos todos, y buena guardia. También a los locutores (siento lo de planeta de los simios; es una broma, y me ha parecido que quedaba gracioso. Sé que vuestro trabajo también es muy duro. Disculpad a este esquizo que os escribe).

Crónicas Summarias-IV:Aumentan las grandes diferencias por hora de guardia

Aumentan las grandes diferencias por hora de guardia entre los médicos de hospital en 2012

Buenos días, summarios:
Este artículo es de iSanidad. Es la situación de los médicos, así que os podéis suponer que la situación no está mucho mejor para los Dues y los Técnicos. ¿Es para darse al whisky o no(en mi caso, el vino tinto)? Ya sabéis, ante la duda entre coger una guardia y pagar a una interna a 9-10 euros la hora….mejor es quedarse en casa, ya si eso….

M. J. Hidalgo, V. Bellot, A. Fernández, P. Cantalejo y V. Matas. CESM Granada
Los Médicos Españoles garantizan la continuidad asistencial, la equidad, la accesibilidad y la sostenibilidad de los Servicios de Salud mediante la realización de la Atención Continuada (guardias) en nuestros hospitales. Generalmente se realizan por los médicos de los servicios, en ocasiones existen médicos contratados para completar los turnos, también existen servicios específicos que realizan estas funciones y no podemos olvidar la gran labor que hacen los MIR.

La realización de la Atención Continuada (guardias) es, para los médicos hospitalarios Españoles, una obligación, pero no un derecho. Se realizan generalmente después de la jornada ordinaria de trabajo (desde las 15 horas hasta las 8 horas del día siguiente) y en sábados domingos y festivos las 24 horas. Son horas similares a las horas extraordinarias de los trabajadores de otros sectores y de otras categorías, en tanto que se realizan después de la jornada ordinaria, aunque a diferencia de ellas se retribuyen por un importe menor que el de las horas ordinarias (las horas extraordinarias se abonan habitualmente al 175% de la hora ordinaria en cualquier sector), además no tienen el límite de las 80 horas al año de las extraordinarias y lo que es más importante son obligatorias y no voluntarias como son las extraordinarias generalmente.

La obligatoriedad es la norma (con muy pocas excepciones). Si las condiciones de servicio lo permiten pueden estar exentos los mayores de 55 años y los que por motivos de salud no puedan realizar las funciones. Pero no existe el derecho a realizar guardias. Si en el servicio no se realizan, muy frecuente en algunas especialidades, el médico no puede exigirlas.

Hace tiempo, en sus inicios, las guardias suponían una situación en “ expectativa de trabajo”, que no conllevaba la dureza de un trabajo ininterrumpido, como ocurre en la jornada ordinaria, pero con el transcurrir de los años han llegado a requerir un gran esfuerzo del profesional ya que se ha transformado en un trabajo continuado que se realiza prácticamente de forma ininterrumpida, casi podríamos decir que se trata de un “trabajo a destajo” y que además no respeta descansos durante el mismo y conlleva una importante carga mental y de estrés.

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Crónicas Summarias-III: Código “ESTULTICIA”

Buenas tardes, Summarios:
El puente ha pasado sobre mí como una apisonadora. Me siento, me siento…me siento…mal…muy mal. Tras este fin de semana me he visto obligado a ingerir una enorme cantidad de vino tinto, que me ha hecho ver de nuevo la luz, a pesar de la resaca. Las guardias son peeeerras y me gustaría aportar un granito de arena a los protocolos del servicio en el que trabajo: el código “Estulticia”. Algo parecido al código ictus, pero para «estultos». ¿Qué es la estulticia? Con el debido respeto al diccionario de la RAE, según el cual la estulticia deriva del latín stultitia (Necedad, tontería), mi Técnico y a la par mano derecha, y asesor cuando me bloqueo en los avisos, y un humilde servidor, pensamos que se debe instaurar un código a la de ya!!

¿En qué consiste el código ictus? No sabría definirlo, ya que es un ente nosológico compuesto de un sinfín de circunstancias negativas que concluyen en una p….llamada telefónica que genera un maldito aviso, generalmente entre las 7 am y las 8.30 am.

Datos para identificar el código estulticia:
1) Llega por el tablet aviso urgente con uno de los siguientes motivos de consulta:
1. Consulta médica
2. Malestar general
3. Consulta por medicamento
4. No puede dormir
5. Cansancio
6. Inconsciente que, sin embargo, habla por el teléfono

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Crónicas Summarias-II: El futuro de la urgencia extrahospitalaria

Estimados Colegas y Amigos del servicio:
Después de filtrarme una botella de Rioja Reserva 2005, y tomarme unos ibuprofenos 600 mg con omeprazol 40 mg, he visto la luz…creo, creo, creo… que he tenido algo así como una revelación mística. No pretendo ser agorero, pero me temo que hay una profecía cantada en nuestro querido servicio: los médicos empezamos a sobrar.

Vale, vale, no es un comentario negativo ni una queja literaria. Tan sólo os invito a mirar a otros países de nuestro entorno:

En US y en muchos países de la UE las urgencias/emergencias extrahospitalarias son perfectamente atendidas por personal altamente cualificado: los famosos paramédicos de las películas americanas que tanto gustan a Goyo Jiménez. Son Enfermeros especializados en el manejo de cualquier urgencia y/o emergencia o catástrofe, que por lo general reportan en tiempo real radiofónica o telefónicamente a un MD (médico americano guay) que está en un hospital haciéndose responsable del tratamiento que administra el enfermero, que está tragándose literalmente el «marrón» en vivo y en directo, justo a los paramédicos básicos (técnicos altamente cualificados también).

No pretendo decir con ésto que nuestra profesión médica se vaya a hacer gárgaras, ni que los enfermeros deban recetar; no voy por ahí. Me refiero a que existen unos protocolos perfectamente actualizados, y conocidos por los profesionales que se dedican en cuerpo y alma a este apasionante trabajo de las urgencias.

¿Quiere decir esto que los médicos vamos a desaparecer en la urgencia extrahospitalaria? En absoluto, sino que la situación es probable que evolucione de una manera lógica. Es decir, las UVIs acuden equipadas, y en ella van una enfermera (paramédico in charge) con dos técnicos paramédicos básicos. La enfermera también es un paramédico, pero hablamos de una mayor profesionalización o especialización de las funciones de cada uno. ¿Dónde encaja aquí el médico? No necesariamente en el centro coordinador, pero el esquema actual va a tener que adaptarse.
Además, es más barato tener varios paramédicos que un médico, por poner un ejemplo economicista.

¿Nos gustará este sistema? Pues no lo sé, pero es el que se aplica en otros países. El médico se especializará también en urgencias /emergencias en el hospital y en la coordinación de la urgencia a distancia, respaldando cada decisión con la información que le «canta on line» la enfermera jefe de la UVI. Es decir, nuestro título de especialista en medicina familiar y comunitaria, medicina interna, o el que tengamos vía MIR, puede que termine por ampliarse a emergenciólogos o urgenciólogos. Otro tanto de bería pasar con las enfermeras, y lo mismo mismito con los técnicos.

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Crónicas Summarias-I: El día que me acosté con un político

Era el 9 de febrero, una noche gélida en la capital del reino. Llevábamos algo más de 12 horas haciendo avisos de urgencias; trece, creo recordar. Mi técnico Ché, mi conductor Paquitor, mi DUE Cuca y yo estábamos agotados y necesitábamos nutrirnos y reparar fuerzas tras el arduo trabajo de un aviso tras otro. Era una de esas ocasiones en las que Morfeo se va apoderando de tu alma lentamente, y el crepúsculo te altera el ciclo circadiano (que los Summarios ya tenemos fulminado in aeternum). El cansancio y el sueño nos hacían anhelar una cabezada breve, pero…..sonó la maldita musiquita del teléfono móvil. Ché, el técnico, le había cambiado el tono del clásico ring-ring por la melodía de Highway to Hell, de ACDC, para al menos elevarnos la adrenalina al punto deseado y cumplir con los tiempos de respuesta del centro de coordinación.
– Me cago en la p…otro dolor pecho-espalda, varón de 46 años, sin antecedentes, pero con diaforesis y vómitos.
– Espero que no sea otra diarrea, espetó Cuca.
– ¿Pero es que no vamos a cenar nunca en esta p….guardia?-dije yo- ¿Es que no habéis pedido la hora de tragar o qué?
– La he pedido, pero me ha dicho el c…. del locutor que tenía la pantalla petada de avisos y que hay que limpiar, contestó Ché.
– Hala, tirando….a ver si lo despachamos en 20 minutos y cenamos de una vez, que son las 3 de la madrugada.
Paquitor arrancó “la nave del misterio”, y salimos con los rotativos y toda la parafernalia que nos caracteriza, a salvar una vida. Tardamos 8 minutos en llegar, porque llovía bastante.
– Hala, vaya pedazo de casoplones-, dijo Paquitor.
– Por lo menos, por lo menos debe ser un futbolista-, dijo Ché.
– Me da que es un “margarito”-, dijo Cuca.
Entramos en una mansión con un jardín algo más pequeño que el Bernabéu, y nos recibieron dos maromos vestidos con trajes negros y gafas de sol (y era de noche, ojo al dato). Nos miraron de arriba abajo y nos preguntaron:
– ¿Son ustedes los ambulancieros?
– No, somos el equipo de emergencias ¿no lo ve?-, respondió Ché de malhumor.
El bigardo del traje negro levantó una ceja, pero no dijo ni mú. Movió la cabeza y nos invitó a pasar con esa chulería que te deja mosca, como si te fuera a dar una colleja en cuanto le dieras la espalda.
Tras esos primeros segundos de tensión, nos adentramos en el domicilio, muy bien amueblado y lleno de fotos de personalidades y famosos. Subimos al piso superior, cargados como mulos (para variar) y en el pasillo una bella mujer morena de unos treinta años, embutida en una bata de seda azul con estampados de dibujos chinos, nos indicó que pasáramos al dormitorio principal.
Al entrar no dábamos crédito a nuestros ojos. Tumbado en la cama, sin gomina y despeinado, y con el rostro arrugado en un gesto de dolor estaba él, en pijama y con las manos apretándose el abdomen.
– Cuéntenos, ¿qué le ocurre?, – le pregunté.

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El día que me acosté con un político

Era el 9 de febrero, una noche gélida en la capital del reino. Llevábamos algo más de 12 horas haciendo avisos de urgencias; trece, creo recordar. Mi técnico Ché, mi conductor Paquitor, mi DUE Cuca y yo estábamos agotados y necesitábamos nutrirnos y reparar fuerzas tras el arduo trabajo de un aviso tras otro. Era una de esas ocasiones en las que Morfeo se va apoderando de tu alma lentamente, y el crepúsculo te altera el ciclo circadiano (que los Summarios ya tenemos fulminado in aeternum). El cansancio y el sueño nos hacían anhelar una cabezada breve, pero…..sonó la maldita musiquita del teléfono móvil. Ché, el técnico, le había cambiado el tono del clásico ring-ring por la melodía de Highway to Hell, de ACDC, para al menos elevarnos la adrenalina al punto deseado y cumplir con los tiempos de respuesta del centro de coordinación.

– Me cago en la p…otro dolor pecho-espalda, varón de 46 años, sin antecedentes, pero con diaforesis y vómitos.

– Espero que no sea otra diarrea, espetó Cuca.

– ¿Pero es que no vamos a cenar nunca en esta p….guardia?-dije yo- ¿Es que no habéis pedido la hora de tragar o qué?

– La he pedido, pero me ha dicho el c…. del locutor que tenía la pantalla petada de avisos y que hay que limpiar, contestó Ché.

– Hala, tirando….a ver si lo despachamos en 20 minutos y cenamos de una vez, que son las 3 de la madrugada.

Paquitor arrancó “la nave del misterio”, y salimos con los rotativos y toda la parafernalia que nos caracteriza, a salvar una vida. Tardamos 8 minutos en llegar, porque llovía bastante.

– Hala, vaya pedazo de casoplones-, dijo Paquitor.

– Por lo menos, por lo menos debe ser un futbolista-, dijo Ché.

– Me da que es un “margarito”-, dijo Cuca.

Entramos en una mansión con un jardín algo más pequeño que el Bernabéu, y nos recibieron dos maromos vestidos con trajes negros y gafas de sol (y era de noche, ojo al dato). Nos miraron de arriba abajo y nos preguntaron: 

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